Fiesta


“Pasen a mi fiesta, los invito. Un círculo de fiebre arderá apenas atraviesen la entrada y de rodillas hasta el amanecer, masticados por todas las horas de la noche, permanecerán en mi fiesta hasta que el polvo les pegue los ojos y les vaya espesando la sangre.”

“Detrás del cerro bajo, entre ramas peladas y un reguero de piedras se prende la arcilla con el sol, se pone negra cuando la noche se le viene encima. Allí la voz de la mujer toca a los hombres y les sacude el pellejo.”

“Entren, aquí guardo para ustedes un útero profundo, un agujero con millones de cicatrices y una paz que viene caminando desde hace siglos. Tiemblen, estoy habitada por un paisaje de tierra arrasada. Debajo de la piel casi blanca la sangre arrastra barro; mis ojos amarillos son los ojos del tigre.”

En el círculo de tierra, gran espacio sin sombra que brilla en el anochecer polvoriento, los que han sido chupados por el pregón de la mujer inclinan sus cuerpos como quien imita una reverencia, y dejan las piernas pegadas al suelo. Han traspuesto el umbral, para participar en el festín de una mujer tendida y abierta hacia el cielo sin estrellas.

“Los que quedan fuera morirán de añoranza, se irán secando como cosa al sol. Los que entren morirán también, pero con el pulso latiéndoles fuerte.”

Mariela Álvarez
No. 83, Septiembre-Octubre 1980
Tomo XIII – Año XVI
Pág. 327

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