Los adventistas


Nos instalamos con nuestra música en una de las calles más céntricas para impedir el paso de la gente. La multitud creció al ritmo de nuestros cantos y danzas, pero se dispersó con el anuncio que hicimos de lo próximo que está el fin del mundo.

Ahora todos se fingen sordos y pasan de largo, creyendo que así evitarán el advenimiento de la verdad suprema. Pronto se darán cuenta de que estas trompetas que portamos no son de adorno.

Roberto Bañuelas
No. 90, 1984
Tomo XV – Año XIX
Pág. 248

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