La bailarina y el seno


Una bailarina que practicaba en público el desnudo total, llevada por un exceso de entusiasmo dejó caer un seno en el escenario. Luego invitó al más curioso de los espectadores a mirar por ese ojo prohibido. En el fondo de la pieza estaba tejiendo una señora de edad de aspecto respetable. Afuera llovía sin consuelo y hasta se escuchaba un piano triste, blando, sonando muy bajo, suave como si tuviese frio, lo que no era efectivo.

Alfonso Alcalde
No. 90, 1984
Tomo XV – Año XIX
Pág. 323

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Me ocupan


Y si de pronto corro tras ella. Y si de pronto la agarro por sus espaldas antes de que se interne en el laberinto del aire. Y si de pronto yo aquí, pronunciándome, gesticulando impurezas, decido echar todo para atrás (como en un retroceso a cámara lenta, como si viéramos al bocado saliendo del paladar) y me aproximo a su perfil de agua para convencerme de una por todas de que esta saliendo por mi boca. Y si me resisto a comprobarlo. Y si de pronto me aterrorizo y grito y caigo en cuenta de que, en efecto, mi voz ha sido tomada.

Antonio López Ortega
No. 90, 1984
Tomo XV – Año XIX
Pág. 320

Cartas con amantes


Recibe la carta de su amante. Más que abrir el sobre lo que le provoca es tocarla, tenerla a su lado y sentir que su cuerpo no es el de una almohada. Piensa que para comunicarse realmente con ella es necesario disolverse en un flujo de letras y, atravesando como correo los océanos, aparecer de improviso en el otro lado del mar. Vuelto un líquido viscoso de palabras se introduce en un sobre y comienza la travesía. La carta es depositada en el buzón de ella, él siente cada vez más cercano su olor, su fragancia de mujer oculta. Abren el sobre y él salta apresuradamente para hacer del aire un puente de quejidos. Pero es inútil, no está, su amante yace al otro lado del mar, gritando y revolcándose entre las paredes del sobre que él no termina de abrir.

Antonio López Ortega
No. 90, 1984
Tomo XV – Año XIX
Pág. 309

El desgaste


Recomienza, la bailarina ha desgastado un giro, luego otro, una curva continúa el ensayo hasta círculos concéntricos, algo de espacio se acumula en el color que cuelga de ellos, disminuye el tiempo en cada balanceo, la línea se dobla sobre sí, toma un órgano y se lanza, el aire se altera en la compresión para estallar en otra caída suspendida.

Recomienza, la bailarina ha desgastado el tiempo.

Elvira García
No. 90, 1984
Tomo XV – Año XIX
Pág. 306