Cartas con amantes


Recibe la carta de su amante. Más que abrir el sobre lo que le provoca es tocarla, tenerla a su lado y sentir que su cuerpo no es el de una almohada. Piensa que para comunicarse realmente con ella es necesario disolverse en un flujo de letras y, atravesando como correo los océanos, aparecer de improviso en el otro lado del mar. Vuelto un líquido viscoso de palabras se introduce en un sobre y comienza la travesía. La carta es depositada en el buzón de ella, él siente cada vez más cercano su olor, su fragancia de mujer oculta. Abren el sobre y él salta apresuradamente para hacer del aire un puente de quejidos. Pero es inútil, no está, su amante yace al otro lado del mar, gritando y revolcándose entre las paredes del sobre que él no termina de abrir.

Antonio López Ortega
No. 90, 1984
Tomo XV – Año XIX
Pág. 309

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