El día en que el verde se volvió guinda

Un día el verde decidió ser guinda, a todo el que lo saludaba: “Buen día, Señor Verde”, lo corregía: “Oiga, yo soy el Señor Guinda”. Al principio todos se sorprendieron. “¿El Señor Verde es Guinda? No, es Verde” se aseguraban.

Pero al pasar los días y seguir diciendo el Señor Verde lo mismo, muchos empezaron a sonreír, otros incluso a burlarse. “Este Señor Verde está mal de la cabeza, mira que decir que es Guinda…”

Por los campos y bosques, por las ciudades y pueblos, el señor Verde se anunciaba: “El Señor  Guinda, para servirle”. Tanto fue su insistir que algunos ignorantes y otros ingenuos comenzaron a aceptarlo como cierto. “Señor Guinda, te digo; no es Verde sino Guinda”. Así estos empezaron a propagar más y más entre sus poco inteligentes amigos que el Verde es Guinda. Al rato, los medios letrados comenzaron a dudar de sus conocimientos. “Bueno, tal vez estábamos mal informados; en realidad cualquiera puede ver que el Verde, Guinda es”.

Los árboles se rebelaron: “Es injusto, somos verdes no guindas”. A los que los secuaces del Señor  Verde respondieron quitándoles sus hojas.

Los arbustos gritaron: “Queremos ser verdes, no guindas”, pero por comodidad y por temor al final, todos aceptaron que el verde es guinda.

Todos, claro, menos el Señor Verde que, sonriendo muy para sí, sabía que él era azul.

Golde Cukier
No. 90, 1984
Tomo XV – Año XIX
Pág. 334

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La cuenta


A ratos parpadeo en el aire la ilusión de que ya se aproxima a nuestra mesa… y el camarero pregunta, solícito, ¿Qué desean ustedes…? Yo respondo: la cuenta, por favor.

Guillermo Prieto (cubano)
No. 90, 1984
Tomo XV – Año XIX
Pág. 333

Jorge Masciángioli


Jorge Masciángioli

Nació en Buenos Aires en 1929, y tras seguir estudios de magisterio y de filosofía se dedicó a la pintura y a la música. Su acercamiento a la literatura se produjo en 1949, cuando fundó la revista Existencia, y posteriormente obtuvo el premio Losada por su novela “El último piso” y la Faja de Honor de la Sade por su libro “El profesor de inglés”. Su pasión se volcó luego al teatro, y con su obra “Safón y los pájaros”, estrenada en el Teatro Cervantes, logró el Premio de la Comedia Nacional. Atraído por el cine, su novela “El último piso” fue llevada a la pantalla en 1962 con la dirección de Daniel Cherniavsky, y en 1965 escribió el guión del film inédito “Los tímidos visten de gris”, dirigido por Jorge Darnell. Dos años después adaptó para el cine la novela “Gente conmigo”, de Syria Poletti, también con dirección de Darnell. Su guión “Comedia de amor” nunca pudo ser llevado a la pantalla, y Masciangioli retornó en 1968 al teatro con “Caramela de Santiago”, por la cual logró el galardón del Fondo Nacional de las Artes.
La novela y el cuento regresaron a su trayectoria literaria con “Las moscas de Isabel” y “Así de humanos”, libro que logró el premio Fortabat de cuentos. Luego de viajar extensamente por España, Francia, Italia, Inglaterra, México, Perú y Brasil, Masciangioli alternó su trayectoria de dramaturgo y de guionista con el periodismo -fue colaborador de La Nación y de otros medios gráficos- y en 1983 volvió a su tarea de autor teatral con su pieza “Buenaventura nunca más”. Posteriormente su nombre cayó en un injusto olvido, falleció a los 74 años luego de una larga enfermedad.

Uno más

Lo único realmente importante que Amonis hizo en su vida, fue nacer.
Cuando murió, pues, nada sucedió en el mundo, ya que habiendo nacido muchos hombres después de él, su desaparición no le importó a nadie.
Entonces levantaron un monumento a su memoria desconocida, y grabaron en él estas palabras: “La humanidad a nadie, por no haber sido nada.”
Y en verdad, lo terrible fue que también después de su muerte, siguieron naciendo muchos otros hombres.

Jorge Masciángioli
No. 90, 1984
Tomo XV – Año XIX
Pág. 331