El que no tiene nombre

Yo soy el que todo lo ve, el que todo lo sabe, el que todo lo dice.

Yo vi a Dios hacer el mundo y hacer al hombre. Y después vi al hombre hacer su primera fogata, su primera ciudad, su primera guerra.

He conocido a los profetas, he visto nacer y morir a reyes, campesinos, mártires y traidores.

Todo lo que ha ocurrido en la realidad y en los sueños de los hombres, lo he visto y lo he contado.

Yo soy ese personaje sin nombre que aparece en todos los libros. El que empieza diciendo: Había una vez…

Fermín Petri Pardo
No. 49, Octubre-Noviembre 1971
Tomo VIII – Año VIII
Pág. 435

Legal

En Birmania es legal para un hombre divorciarse de su mujer si ésta le da ocho hijas.

Anónimo
No. 49, Octubre-Noviembre 1971
Tomo VIII – Año VIII
Pág. 429

De sombras…

Hasta que un día una de ellas se cansó de ir todo el tiempo detrás del hombre aquel, sujeta a sus caprichos y teniendo que sugerirlo, aún contra su voluntad, a donde quiera que él iba; así que lo decidió y se separó del tirano yéndose luego a gozar de su libertad.

Empezó entonces a recorrer el mundo como siempre había soñado, pero se encontró con una serie de inconvenientes tales como que no le permitían entrar sola a los lugares públicos, ni subir a los taxis o sentarse en los parques, ni muchas cosas más por el estilo, lo cual le parecía incomprensible.

Enfadada de tantos inconvenientes y con el sano propósito de reanudar su vida normal, retornó al lugar en donde dejó a su hombre, pero con gran espanto comprobó que éste no se encontraba ahí; y luego de haberlo buscado desesperadamente tuvo que aceptar que su antiguo amo había desaparecido en forma definitiva, por lo que se miró a sí misma, descubriendo que ella también había desaparecido sin haberse dado cuenta en que momento sucedió.

Y desde entonces no se ha vuelto a tener noticia de que en algún lugar del mundo, una sombra pierda a su hombre o que un hombre pierda su sombra.

Alejandro R. Vega G.
No. 49, Octubre-Noviembre 1971
Tomo VIII – Año VIII
Pág. 427

Fuga

Oigo música de rock muy estridente, angustiosa. De pronto, la música se interrumpe produciendo una confusión de sonidos agónicos. Sigue el estruendo de unos discos o libros, tal vez, al caer desde no mucha altura al piso de madera. Alguien respira agitadamente. Después de un rechinido de la cama ese alguien —u otro, no sé— da uno o dos pasos cortos, rápidos —el piso cruje a cada paso por cierto. Hay un momento de silencio. Pausa en el silencio. Algo así como un espejo, o tan solo un vidrio de regular tamaño es roto, repentinamente, de un golpe. Pausa. ¿Qué es eso? Un gemido. Están gimiendo muy quedito. Alguien sufre —puede ser quien gemía— un repentino y violento ataque de tos. Ahora, junto a la respiración otra vez agitada, oigo pasos (corren), van de un lado al otro de la habitación al parecer chica —debe de ser como la mía—. Puñetazos a la puerta. Mientras continúan los puñetazos a la puerta es pronunciada una palabra de manera no identificable: casi un rugido. (Quizá un nombre…) De nuevo corren de pared a pared —durante menos tiempo, pero con mayor fuerza, o ansiedad. Esta breve carrera termina al momento de aparecer el ruido grande del rompimiento de varios vidrios, y, además, golpes secos y estremecimientos metálicos. Un grito que se queda en el principio. Otro vidrio roto. Otro grito; sólo que éste es intenso y largo, muy largo, y va desapareciendo o desvaneciéndose más bien a lo lejos. Ahora, el silencio. El silencio, por fin. Únicamente, creo, había una persona ahí dentro. Puf; mañana mismo gestiono el cambio de domicilio. Aquí no se puede dormir en paz nunca en la vida.

Humberto Guzmán
No. 49, Octubre-Noviembre 1971
Tomo VIII – Año VIII
Pág. 415

Okey

Okey, todo estaba okey; cada quien se había adaptado perfectamente al sistema, pero no, siempre hay quien venga a inventar novedades, dígame y que ponerse a comer la bendita rama esa, que ni siquiera sé cómo se llama, nos embromó, nos embromó, con lo bien que estábamos con nuestra LSD.

José Gilberto Hernández Ramírez
No. 49, Octubre-Noviembre 1971
Tomo VIII – Año VIII
Pág. 412