Comunicación

Dos viejos, un humanista y un científico, discutían sentados en un jardín.

—El arte de la vida —decía el primero— consiste en olvidar la cuantificación de las cosas. Te sientas a mirar el paisaje, y, dejas que tu propia naturaleza se comunique con él. ¿Quién tiene una unidad valedera para medir la felicidad?

—¿Y la razón? —inquirió el otro— La soledad del contemplativo enloquece al hombre; por lo demás, la naturaleza me contesta a satisfacción cuando arroja una piedra y ésta sigue una trayectoria que yo he calculado. ¿Qué puede decirme en cambio un paisaje?

—Es cuestión de olvido: cuando logras callar tu mente racionalista, el espíritu sabe escuchar y comprender, no estás solo, tu piel no marca ya un límite, formas parte de la sabiduría de la vida, y eres feliz…

Así discutiendo, cayó la tarde. Un sopor beatífico les invadió. Poco a poco fueron sintiendo la convicción absoluta de poder comunicarse con el jardín. De repente, un murmullo que parecía salir de unos matorrales llegó a sus idos, y levantáronse prontos a investigar.

Se trataba de dos flores que sostenía una discusión: “El arte de la vida —decía la primera— consiste en olvidar la cuantificación de las cosas…”

M. V. Busquets
No. 49, Octubre-Noviembre 1971
Tomo VIII – Año VIII
Pág. 451

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El día y la noche

Antes las noches no me gustaban.

Porque todo enmudecía.

Porque las flores tomaban el mismo color negro de la oscuridad. Y perdían hasta las formas.

Por eso prefería la mañana o la tarde. Porque se ocultaba el sol y la plaza quedaba vacía. Todo quedaba vacío y confuso.

En casa, el patio se reducía a un montón de bultos negros o a contornos que sólo reconocíamos los que vivíamos allí.

Yo quería convencer a la Tierra… Que dejara de rotar. Que se detuviera en pleno sol y se trasladara siempre así.

Una noche lo logré.

Soñé que la Tierra dejó de rotar. Sonoricé a los árboles que dormían mudos y las plazas se llenaron de niños.

La tierra, lenta, se trasladaba fija.

Esa noche fui feliz.

Después soñé que sólo una parte de la tierra vivía el día. Y que otros niños tendrían la noche para siempre.

Entonces pedí a la tierra que volviera a rotar.

Roberto Bertolino
No. 49, Octubre-Noviembre 1971
Tomo VIII – Año VIII
Pág. 449

La mera verdad

Y aunque periódicamente hayan dicho (ya ve usted cómo son), que “murió víctima de una degenerada pasión senil”, la verdad es que cuando la chamaca me gritó: “despabílate, carcamal”, luego se me vino a la mente mi mujer, que bien hizo Dios en recoger hace diecisiete años, porque ese era su insulto preferido; pero sobre todo me acordé de aquellas malditas ideas que tenía sobre la reencarnación y ahí fue donde me dije: “aunque ahora si te descubran, Epigmenio, más te vale”

Luis Carlos González H.
No. 49, Octubre-Noviembre 1971
Tomo VIII – Año VIII
Pág. 447

La boda

Marcelita nunca había tenido un pretendiente tan asiduo; toda la casa estaba alborotada con la perspectiva de aumentar el gremio familiar con este ejemplar; formal, atento, bien vestido, y lo mejor de todo, con una billetera siempre bien provista y un reflejo rapidísimo para sacarla en el momento oportuno.La TíaRitaquedó conquistada definitivamente, cuando una tarde se presentó Carlos cargando una jaula dorada en la que introdujo su pareja de cotorritos consentidos; nunca había encontrado Don Ismael oyente más atento y silencioso que este muchacho, que a todo decía que sí durante sus largas peroratas sobre política mundial; Teresita opinó que era un “cuáis a todo dar” al verse obsequiada con el último hit de los Totonac´s Co.; Doña Teresa se enternecía a las lágrimas al ver el fervor de su futuro yerno cuando asistía al oficio dominical; la única que le encontraba un “pero”, era Marcelita; le parecía un poquitín frío, distinto a los demás muchachos que antes había tratado, pero sus comentarios fueron acallados por un torrente de ira colectiva, en la que fue declarada por unanimidad inmadura y frívola; ¡cómo osaba comparar  Carlos con la serie de greñudos que antes la cortejaron!… Era el colmo. Lo que acababa de vencer su resistencia, era la mirada casi patética que le dirigía cuando decía lo mucho que la necesitaba y lo que significaba para él su posesión; ese recurso no fallaba; Marcelita se sumergía en un pantano de ternura y condescendencia. Llegó el día esperado por todos; cómo rabiarían los vecinos viéndola toda de blanco rumbo a la iglesia. Papá y Mamá estaban pletóricos de felicidad; su cometido como padres había llegado a feliz término; la entregaban en el templo, con todo el bombo requerido (previo ajuste de tarifa con el Sr. Cura). ¡Qué más se podía desear!

Noche de bodas, Marcelita estaba tensa; los anticipos que le había permitido a Carlos habían sido tan pocos y tan tímidos, que la perspectiva de ser poseída, la estremecía; se puso el atuendo de rigor: camisón nylon, negligeé, babuchas de pelito de conejo y Chanel No. 5 en todos los sitios que se le ocurrieron. Carlos pasó al baño e inició también el ritual; a los 5 minutos salió y Marcelita al verle creyó estar volviéndose loca: ahí estaba él; completamente verde, con dos antenas a los lados de la cabeza y un enorme ojo en la mitad de la frente.

Águeda Delmar
No. 49, Octubre-Noviembre 1971
Tomo VIII – Año VIII
Pág. 440

El diplomático

…Aceptó como era su obligación de diplomático, la invitación al baile de gala de los reyes de Grecia. Pero se las arregló para que el jefe del protocolo invitara también a las numerosas estatuas clásicas que aún no exhibían su ruina en la sombra de los museos. De esa manera pudo soportar el roce de momias vivas cubiertas de finas telas y joyas carísimas, gracias al contacto de lánguidas Venus, de seductores Dionisios, de aristocráticos apolos y de otras no menos agradables presencias enamoradas de la vida.

Heriberto García Salazar
No. 49, Octubre-Noviembre 1971
Tomo VIII – Año VIII
Pág. 439

Heriberto García Salazar.

Escritor (poeta). Educador. Bibliotecónomo. Nació en Xalapa en 1940. Estudió Antropología en la Universidad Veracruzana. Colaborador en diversos suplementos culturales y revistas especializadas. La colección La tierra del gran sí le publicó en 1973, parte de su trabajo poético. Ha sido antologado en Azoro de Voces (1986). Obra: Ensayo sobre antropología y crítica literaria. Para una antología mínima:

Entre los nueve círculos
del infierno
hay uno
que es el último:
el vacío
incoloro
con su borde negro
que lo delata
pero es el no invitado
el cero
el décimo círculo:
la nada.

Murió el 4 de agosto 1977.

[1] http://www.eldemocrata.com.mx/index.php?option=com_content&view=article&id=12621:efemerides-veracruzanas-del-4-de-agosto&catid=38:efemerides-veracruzana&Itemid=63