Comunicación

Dos viejos, un humanista y un científico, discutían sentados en un jardín.

—El arte de la vida —decía el primero— consiste en olvidar la cuantificación de las cosas. Te sientas a mirar el paisaje, y, dejas que tu propia naturaleza se comunique con él. ¿Quién tiene una unidad valedera para medir la felicidad?

—¿Y la razón? —inquirió el otro— La soledad del contemplativo enloquece al hombre; por lo demás, la naturaleza me contesta a satisfacción cuando arroja una piedra y ésta sigue una trayectoria que yo he calculado. ¿Qué puede decirme en cambio un paisaje?

—Es cuestión de olvido: cuando logras callar tu mente racionalista, el espíritu sabe escuchar y comprender, no estás solo, tu piel no marca ya un límite, formas parte de la sabiduría de la vida, y eres feliz…

Así discutiendo, cayó la tarde. Un sopor beatífico les invadió. Poco a poco fueron sintiendo la convicción absoluta de poder comunicarse con el jardín. De repente, un murmullo que parecía salir de unos matorrales llegó a sus idos, y levantáronse prontos a investigar.

Se trataba de dos flores que sostenía una discusión: “El arte de la vida —decía la primera— consiste en olvidar la cuantificación de las cosas…”

M. V. Busquets
No. 49, Octubre-Noviembre 1971
Tomo VIII – Año VIII
Pág. 451

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