De árboles

Cuando el árbol perdió su primera hoja, sintió rubor. Cuando perdió la última, sintió frío.

Gilberto J. Signoret
No. 49, Octubre-Noviembre 1971
Tomo VIII – Año VIII
Pág. 457

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La genración de los NO

Ya llevaba siete meses de embarazo cuando se vieron en la necesidad de llevarla al hospital, de urgencia. Sería un nacimiento casi normal, decía el doctor. Todos los síntomas así lo indicaban. La llevaron a la sala de maternidad y dispusieron todo para recibir al nuevo ser. Pero cuando pensaban que comenzaba a nacer y vieron que el vientre de la mujer se reducía, como si se desinflara, hasta adoptar un volumen normal sin que el niño apareciera, todos quedaron sorprendidos. El sabio llegó a la conclusión de que la paciente había dado a luz a un espectro.

Gilberto J. Signoret
No. 49, Octubre-Noviembre 1971
Tomo VIII – Año VIII
Pág. 457

Relato

Se arrellanó en un mullido sillón, y comenzó a contar: “Sí, allá existe un monstruo devorador de hombres, un monstruo causante de la degradación físico-biológica más espantosa. Se pasea impunemente por las calles, se mete a los cines, teatros, casas particulares. Nadie hace nada para detenerlo. Todos lo miran, o mejor dicho, no lo miran, porque ciega los ojos, la memoria, ensordece, idiotiza. Los hombres, en agradecimiento, lo han bautizado con un nombre extranjero, para que suene más elegante: Smog…”

Salvador Castañeda Pérez
No. 49, Octubre-Noviembre 1971
Tomo VIII – Año VIII
Pág. 455

Último sol

Llegó, arrastrando su juventud, hasta la estación donde cientos de hombres y mujeres organizaban su tedio para esperar al monorriel que los conduciría a otra jornada de monótono trabajo. Miró a sus compañeros —con una tristeza lejana—, sin lograr diferenciarlos de un cúmulo de piezas clasificadas en el mal general de la existencia… Levantó la cara, y forzando la vista al través del cristal de su máscara protectora y de la densa nube de smog que envolvía al territorio, vio al sol que, a esa hora, parecía el dibujo perversamente infantil de una naranja enrojecida.

Sintió tal abismal y amargo el dolor de estar vivo como absurdo el compromiso de seguir viviendo en una dimensión de insensibilidad colectiva: lo último que oyó, antes de desconectar el tubo de su tanque portátil de oxígeno, fue el estrépito del monorriel, que frenó para engullir pasajeros.

Su caso fue uno de tantos que hubo desde 1985.

Roberto Bañuelas
No. 49, Octubre-Noviembre 1971
Tomo VIII – Año VIII
Pág. 453