Relato

Se arrellanó en un mullido sillón, y comenzó a contar: “Sí, allá existe un monstruo devorador de hombres, un monstruo causante de la degradación físico-biológica más espantosa. Se pasea impunemente por las calles, se mete a los cines, teatros, casas particulares. Nadie hace nada para detenerlo. Todos lo miran, o mejor dicho, no lo miran, porque ciega los ojos, la memoria, ensordece, idiotiza. Los hombres, en agradecimiento, lo han bautizado con un nombre extranjero, para que suene más elegante: Smog…”

Salvador Castañeda Pérez
No. 49, Octubre-Noviembre 1971
Tomo VIII – Año VIII
Pág. 455

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