María Luisa Burillo

María Luisa Burillo Velasco

María Luisa Burillo Velasco (1945), escritora mexicana nacida en la ciudad de México. Ha sido maestra de literatura en el INBA, directora de la Casade Poesía Juan Bañuelos y de la editorial El Trompo en Guadalajara, Jalisco. Entre sus obras se encuentran: en poesía Amor y otros insomnios (1979) y Alcohol de sueños (1995); en narrativa Sueños que cuentan (1992), El último globo (1992), novela; El arte de hacerse personas y Valores universales (2002), entre otras. [1].

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La mujer loba


La mujer loba necesitaba sentirse bella y deseada. Y sus intentos pasaron, de amores tibios y mediocres, a una búsqueda que a ella misma le avergonzaba, pero su aullido infaliblemente la llevaba a calmar el hambre.

Con toda frialdad ingreso —como enfermera— a un hospital de desahuciados. Iba eligiendo de entre los hombres más próximos a la muerte a quienes se aferraban a la vida con más ahínco y respondían a insinuaciones eróticas, que la loba fomentaba a diario e iba acrecentando conforme se acercaba el final. En el momento certero, encontraba la manera de trasladar el enfermo en turno a un cuarto aparte y junto con la Muerte, la loba seducía a aquel hombre para hacer el amor con la fuerza y desesperación de una última vez. Desnudaba su belleza para sentir en la piel esas manos enloquecidas, palabras teñidas de violencia y llevadas a-una-suavidad-de-aliento.

La Muerte había venido soslayando estos morbosos encuentros y participaba provocando estertores; espasmos. La enfermera cerraba los ojos y atizaba la desesperanza, degustando la añorada soberbia, en frases enrarecidas de sus amantes: “…la única, la más bella, la vida, madre, niña, puta, santa, demonio, gatita, angelical…” hasta el grito, cuando encaja la Muerte sus dientes justo en el cuello de los hombres vencidos: Ambas, loba y Parca, caen en un lúgubre y místico orgasmo.

María Luisa Burillo
No. 134, Enero-Marzo 1997
Tomo XXIX – Año XXXIII
Pág. 28

Cómo vencer a la muerte


A doña Concepción le dijeron varias veces que el niño que traía en las entrañas no iba a nacer. El doctor tuvo problemas para sacarlo del vientre pero, afortunadamente, el niño nació bien. Para doña Concha era la única forma de prolongar lo que le quedaba de vida. La muerte había sido su compañera desde siempre. Era huérfana desde los siete años. Su marido había muerto tres meses antes. El niño fue enfermizo y el adolescente retraído. Al joven le diagnosticaron un sufrimiento interior profundo que nadie supo explicar. Para que se aliviara, su tío Austreberto se lo llevó a Túnez, donde trabajaría en nuestra embajada como segundo secretario. Como si en Túnez la gente se curara de sufrimiento interior. Pasaron los años, casi veinte, y ni el tío ni Camilo volvieron a Colima. La gente siempre dijo: viven en Túnez y son felices. Doña concepción creía ambas cosas. Su hijo vivía y era feliz.

Francisco Blanco Figueroa
No. 134, Enero-Marzo 1997
Tomo XXIX – Año XXXIII
Pág. 27

Manuel del Cabral

MANUEL DEL CABRAL
(1907 – 1999)

Nació Manuel del Cabral en Santiago de los Caballeros. Estudió derecho en la Universidadde Santo Domingo, pero no fue predilección de él esta carrera, sino de su padre, a quien le dedica una “carta poética”, reminiscencia de la de Ovidio, en donde le explica su verdadera vocación, la literaria.

De muy joven comenzó su trabajo diplomático en la de su país en New York. Desempeñó el mismo papel en Colombia, Perú, Panamá, Chile y Argentina. Durante estos viajes y estadías pudo entablar contacto con los poetas hispanoamericanos más representativos del momento.

Abordó, en su poesía, una temática pluralística, pues toca tanto el tema político, como el amoroso, el social, el cultural e, incluso, el metafísico. El tema del negro o mulato en las Antillas es el tema recurrente por antonomasia, equiparándose a Nicolás Guillén y Luis Palés Matos.

Sus obras poéticas más destacadas son: Trópico negro, 1942; Compadre Mon, 1943; Los huéspedes secretos, 1950; La isla ofendida, 1965; y Sexo no solitario, 1970. También fue dramaturgo y narrador, pues escribió una novela y varios cuentos. Pero hoy se le reconoce sobre todo por su poesía. Recibió varios reconocimientos, entre los que destaca el premio Nacional de Literatura, otorgado en 1992.

Manuel del Cabral falleció en santo Domingo, el 14 de mayo de 1999.[1]