Wells y Einstein


Aquel científico necesitaba saber qué sucedería si en la máquina del tiempo retrocedía al momento en que sus padres estaban por conocerse e impedía la relación.

Llegó a esa época sin mayores dificultades. Un joven llegaba al pueblo en donde el destino le depara una esposa. De inmediato supo quién era. No en balde había visto fotografías del viejo álbum familiar. Lo que hizo a continuación fue relativamente sencillo: convencer a su padre que allí no estaba el futuro, que mejor fuera a una gran ciudad en busca de fortuna. Y para cerciorarse lo acompañó a la estación de ferrocarril. Se despidieron y mientras desde la ventanilla una mano se agitaba, el riguroso investigador sintió cómo poco a poco se desvanecía hasta convertirse en nada.

René Avilés Fabila
No. 134, Enero-Marzo 1997
Tomo XXIX – Año XXXIII
Pág. 37

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Dante Medina

Dante Medina

Dante Medina nació en Jilotlán de los Dolores, Jalisco, México, en 1954.

Es doctor en Letras Románicas porla Université PaulValéry, de Francia. Fue fundador y primer director del Departamento de Estudios Literarios y del Doctorado en Letras, además de Director General de Extensión Universitaria de la Universidadde Guadalajara. Ha impartido clases y conferencias en diversos países, como Francia, los Estados Unidos, Italia y España.

Ha recibido importantes premios y reconocimientos: mención en el Premio Juan Rulfo que otorga Radio Francia Internacional en 1984; el Premio OCA en Letras, en Jalisco, y la Condecoraciónde Chevalier de Tir Douzil de Francia, además de la Beca Guggenheim.Con Te ve, mi amor, TV, obtiene por segunda vez el Premio Casa de las Américas de cuento, que ya había recibido por su libro Cómo perder amigos en 1994.

Entre sus títulos de ficción más conocidos se encuentran: Léérere. “Manual para hispanoandantes” (cuento, 1990); La Dama de la Gardenia (novela, 1992); Ciudades de por sí (cuento, 1997); Yo soy Don Juan, para servir a usted (teatro, 1998); Feminus (novela, 2002); La musa fea (poemas); Del amor que te di (canciones y poemas, 2000). Como ensayista ha dado a conocer: Homenaje a Juan Rulfo (1989); Algunas técnicas narrativas de la novela latinoamericana contemporánea (1990); Zonas de escritura (1994) y La seducción y sus espejos (2000), entre otros[1].

Historia de Z


A mí eso siempre me dio mala espina claro que de ti se puede esperar eso y más para él era casi igual aunque con ella no se cuenta jamás ante nosotros es declarable pero mejor no olvidar que desde nosotras se perdió la confianza en ustedes porque según ellos eso fue hecho por ellas.

Falta que me lo aclaren a mí: de ti es vano esperar respuesta: para él es lo mismo: con ella es pordemás: ante nosotros está confuso: en ustedes hay el mismo problema: según ellos quién sabe: por ellas es como si nada.

Espero que salga de ti eso que según ellos me pasó a mí, no quiero encararme con ella porque eso me obligaría a confiar en ustedes, lo que sería fatal y me harta recomenzar desde nosotras; eso nos llevaría ante nosotros y es verdad que en lo hondo se es capaz de todo por ellas.

Dante Medina
No. 134, Enero-Marzo 1997
Tomo XXIX – Año XXXIII
Pág. 35

Un buen melón

Tres muchachas encontraron en el huerto de su casa una canasta con tres melones. Uno de ellos era grande y espléndido, los otros dos eran simples melones. La chica más codiciosa tomó el gran melón y dijo: —Para una hermosa y agraciada mujer como yo, una bella fruta como esta—. Así, partió cada quien su fruta. El gran melón estaba podrido y agusanado, pero ella lo vio jugoso y comenzó a saborearlo. Las otras dos jóvenes huyeron horrorizadas ente el gozo de la agraciada.

Rex Felipe de la Concha
No. 134, Enero-Marzo 1997
Tomo XXIX – Año XXXIII
Pág. 33

El regreso del inútil


Cristo volvió por segunda vez a este planeta y le contaron cosas nuevas; usaron su ternura para limpiar espadas; le escondieron el tiempo dentro de una moneda; le cobraron el agua que les sobró a los ojos; le robaron su burro, su lentitud, su “no te apures que hay un cielo”, su “ama a tu prójimo”, y hasta sin su permiso, a sus sandalias les pusieron hélices; y estaba tranquilo… y, como siempre, inofensivo; pero al entrar al Vaticano, preguntó: ¿Y esta es mi casa? Perdóneme, señor, le respondió el portero, pero este palacio tiene dueños… y es ya muy tarde para los turistas…

Manuel del Cabral
No. 134, Enero-Marzo 1997
Tomo XXIX – Año XXXIII
Pág. 31