Mauricio Montiel

Mauricio Montiel Figueiras

 (Guadalajara, estado de Jalisco, México 1968)

Narrador, ensayista, poeta y traductor mexicano.

Ha sido editor de revistas y suplementos culturales y coordinador editorial del Museo Nacional de Arte enla Ciudadde México, donde radica desde 1995. Textos suyos han aparecido en medios de Argentina, Brasil, Canadá, Chile, Colombia, Estados Unidos, España, Inglaterra e Italia.

Ha sido becario del Fondo Nacional para la Culturay las Artes y de la Fundación Rockefeller, que en 2008 le concedió una residencia en The Bellagio Study and Conference Center (Bellagio, Italia). Ha colaborado como editor en las revistas Biblioteca de México y Cambio, y en suplementos culturales como Nostromo de Siglo 21, Crónica Dominical de La Crónica de Hoy y sábado de unomásuno. Actualmente es colaborador de las revistas Letras Libres[] y Día Siete, columnista del suplemento Crónica Cultural, columnista del periódico El Universal (México), secretario de redacción de la revista M. Museos de México y el mundo, y miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte[1].

Sonata


En el jardín donde crecen los ojos aún hay cálidas miradas resistiéndose a aflorar. Será debido al aire que corre por sus tallos, al ciego sol que es su alimento. Acaso al canto que traza entre sombras y raíces la voz taciturna de las moscas.

¿Por qué aquí plantan las muchachas sus pupilas, por qué riega la tarde párpados que germinan sin cesar? Existen todavía, en este mágico refugio, miradas sin dueño que aletean como aves; ojos que, cautelosos, reptan tras de una libélula que los reclame. Pero se han desvanecido las libélulas, y también los niños que refulgen. Nadie más adoptaría un ojo nacido de una semilla extranjera.

Hace meses ya que el estío se desplomó, pálida retina. De allí esa transparencia del césped al reflejarse en los espejos del día. Por eso hay algo de sonata entre la hiedra, un íntimo pestañeo en los posos de la humedad. Nada más plácido que contemplar, de cuando en cuando, a una mariposa secuestrando un iris veraniego y sus colores: nada más terrible que una larva de liz disfrazándose de córnea.

Vibra el estío, candente visión, sobre la tapa del piano que olvidó la primavera entre los setos que no paran de observarse. Satie continúa tocando, sembrando flores y hierba en el viento, a través de las horas; se pregunta si las rosas que pululan en sus teclas son acaso partituras, miradas perdidas por un capricho de la tarde. Aunque es mejor tocar, dejar que los párpados se vuelvan un país de enredaderas.

En el jardín de ojos que es junio, la vista del músico equivale al vuelo de una avispa; al escarabajo que en los túneles de la quietud teje su musgosa sinfonía.

Mauricio Montiel
No. 134, Enero-Marzo 1997
Tomo XXIX – Año XXXIII
Pág. 48

Charles Baudelaire

Charles Baudelaire

(París, 1821 – 1867)

 Poeta francés. Huérfano de padre desde 1827, inició sus estudios en Lyon en 1832 y los prosiguió en París, de 1836 a 1839. Su padre adoptivo, el comandante Aupick, descontento con la vida liberal y a menudo libertina que llevaba el joven Baudelaire, lo envió en un largo viaje a las Antillas entre 1841 y 1842 (según algunas fuentes, podría haber llegado también a la India). De regreso en Francia, se instaló de nuevo en la capital y volvió a sus antiguas costumbres desordenadas.

Empezó a frecuentar los círculos literarios y artísticos y escandalizó a todo París con sus relaciones con Jeanne Duval, la hermosa mulata que le inspiraría algunas de sus más brillantes y controvertidas poesías. Destacó pronto como crítico de arte: el Salón de 1845, su primera obra, llamó ya la atención de sus contemporáneos, mientras que su nuevo Salón, publicado un año después, llevó a la fama a Delacroix (pintor, entonces, todavía muy discutido) e impuso la concepción moderna de la estética de Baudelaire. Buena muestra de su trabajo como crítico son sus Curiosidades estéticas, recopilación póstuma de sus apreciaciones acerca de los salones, al igual que El arte romántico (1868), obra que reunió todos sus trabajos de crítica literaria.

Fue además pionero en el campo de la crítica musical, donde destaca sobre todo la opinión favorable que le mereció la obra de Wagner, que consideraba como la síntesis de un arte nuevo. En literatura, los autores Hoffmann y Edgar Allan Poe, del que realizó numerosas traducciones (todavía las únicas existentes en francés), alcanzaban, también según Baudelaire, esta síntesis vanguardista; la misma que persiguió él mismo en La Fanfarlo (1847), su única novela, y en sus distintos esbozos de obras teatrales.

Comprometido por su participación en la revolución de 1848, la publicación de Las flores del mal, en 1857, acabó de desatar la violenta polémica que se creó en torno a su persona. Los poemas (las flores) fueron considerados «ofensas a la moral pública y las buenas costumbres» y su autor fue procesado. Sin embargo, ni la orden de suprimir seis de los poemas del volumen ni la multa de trescientos francos que le fue impuesta impidieron la reedición de la obra en 1861. En esta nueva versión aparecieron, además, unos treinta y cinco textos inéditos.

El mismo año de la publicación de Las flores del mal, e insistiendo en la misma materia, emprendió la creación de los Pequeños poemas en prosa, editados en versión íntegra en 1869 (en 1864, Le Figaro había publicado algunos textos bajo el título de El esplín de París). En esta época también vieron la luz los Paraísos artificiales (1858-1860), en los cuales se percibe una notable influencia de De Quincey; el estudio Richard Wagner et Tannhäuser à Paris, aparecido en la Revue européenne en 1861; y El pintor de la vida moderna, un artículo sobre Constantin Guys publicado por Le Figaro en 1863.

Pronunció una serie de conferencias en Bélgica (1864), adonde viajó con la intención de publicar sus obras completas, aunque el proyecto naufragó muy pronto por falta de editor, lo que lo desanimó sensiblemente en los meses siguientes. La sífilis que padecía le causó un primer conato de parálisis (1865), y los síntomas de afasia y hemiplejía, que arrastraría hasta su muerte, aparecieron con violencia en marzo de 1866, cuando sufrió un ataque en la iglesia de Saint Loup de Namur.

Trasladado urgentemente por su madre a una clínica de París, permaneció sin habla pero lúcido hasta su fallecimiento, en agosto del año siguiente. Su epistolario se publicó en 1872, los Journaux intimes (que incluyen Cohetes y Mi corazón al desnudo), en 1909; y la primera edición de sus obras completas, en 1939. Charles Baudelaire es considerado el padre, o, mejor dicho, el gran profeta, de la poesía moderna[1].

on.com/biog.htm

Punto de referencia


No es posible acusar a una muchacha honesta que desea casarse de realizar una elección imprudente, ni a una mujer que se extravía a causa de un amante innoble. La una y la otra —¡he aquí nuestra condición desgraciada!—, son igualmente ignorantes. A estas infortunadas víctimas, llamadas muchachas casaderas, les falta una vergonzosa educación: es decir, el conocimiento de los vicios de los hombres. Quisiera que cada una de estas pobrecillas, antes de sufrir el lazo conyugal, pudiera escuchar en un lugar secreto y sin ser vista, la conversación de dos hombres hablando entre sí de las cosas de la vida y, especialmente de mujeres. Después de esta primera y terrible prueba, podrían librarse con menos peligro de los horribles azares del matrimonio, conociendo la fortaleza y la debilidad de sus futuros tiranos.

Charles Baudelaire
No. 134, Enero-Marzo 1997
Tomo XXIX – Año XXXIII
Pág. 43