Punto de referencia


No es posible acusar a una muchacha honesta que desea casarse de realizar una elección imprudente, ni a una mujer que se extravía a causa de un amante innoble. La una y la otra —¡he aquí nuestra condición desgraciada!—, son igualmente ignorantes. A estas infortunadas víctimas, llamadas muchachas casaderas, les falta una vergonzosa educación: es decir, el conocimiento de los vicios de los hombres. Quisiera que cada una de estas pobrecillas, antes de sufrir el lazo conyugal, pudiera escuchar en un lugar secreto y sin ser vista, la conversación de dos hombres hablando entre sí de las cosas de la vida y, especialmente de mujeres. Después de esta primera y terrible prueba, podrían librarse con menos peligro de los horribles azares del matrimonio, conociendo la fortaleza y la debilidad de sus futuros tiranos.

Charles Baudelaire
No. 134, Enero-Marzo 1997
Tomo XXIX – Año XXXIII
Pág. 43

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