La otra realidad


Lilia y Roberto cogían todas las tardes. Se metían a los armarios o se escapaban al desván. Lilia y Roberto sudaban y temblaban, pero no por el esfuerzo y la pasión, sino por el miedo. “Juguemos”, decían, y se ocultaban, como si entendieran que copular a cualquier edad —sobre todo a los nueve años—, y más, entre hermanos, está mal visto.

Gustavo Rubén
No. 134, Enero-Marzo 1997
Tomo XXIX – Año XXXIII
Pág. 71

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