Tiempo de moscas


Huyó directamente al baño. ¡Qué repugnante temporada! Sólo quería un poco de fruta; mango, plátano, lo que fuera, pero el frutero negreaba, la leche poco a poco se ensombrecía y la carne… a la carne no había manera de acercársele. Las moscas tomaban la cocina.

Eran tantas, unas pardas, otras rayadas, aquellas verdosas o con manchas, que no podía más que salir de ahí. Para colmo un grupo de ellas ya se apelmazaba en las ventanas iniciando ritos de cópulas.

Por los mosquiteros agujereados seguían y seguían entrando a bobtones. Huyó al baño, inútil, no encontró alivio ahí.

También volaban sobre el excusado y de sus huevecillos brotaban gusanos blancuzcos.

Cansada, harta, voló hasta el espejo y ahí permaneció paralizada mirando su cuerpo velludo.

Paola Jauffred G.
No. 134, Enero-Marzo 1997
Tomo XXIX – Año XXXIII
Pág. 91

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