… de Paola Jauffred Gorostiza

Agradezco mucho a Alfonso Pedraza primero por el esfuerzo de rescatar la revista “El cuento” de Edmundo Valadés ahora en formato de blog, y en segundo lugar por volver a publicar una mini ficción mía que salió en la revista allá en mis años mozos. El cómo fue a parar esa mini ficción a “El cuento” es algo que todavía no me explico, yo no la envié. En todo caso aquí se las dejo, se llama “Tiempo de moscas” y se lee a la velocidad de un vuelo de mosca: https://minisdelcuento.wordpress.com/category/paola-jauffred-gorostiza/

 Réplica de Tina Randal

 Hace años tu madre le regaló a Brandon un libro titulado “La Mosca”. La mosca se va de vacaciones a un lugar fabuloso, tipo alberca del Hilton, donde se acomoda con su sombrilla y toalla. Pero de pronto el tiempo se oscurece y la mosca tiene que huir antes de ser aplastada por un objeto grande y café… En efecto, la mosca estaba vacacionando en un excusado. A Brandon el cuento le pareció excelente. Tu madre, que no lo había leído, todavía de sonroja avergonzada cuando lo recuerda (quería que lo tiráramos a la basura, pero todos nos opusimos)[1]

En tiempos en los que las políticas editoriales tienden a olvidar o menospreciar el género de el cuento -un género que significa tanto para la historia de la literatura en Latinoamérica- la labor de rescatar del olvido  la revista El cuento, editada por Edmundo Valadés , viene como agua para el sediento. Mis más sinceras felicitaciones a Alfonso Pedraza por este trabajo de digitalización de lo que fue una revista que marcó toda una época tanto para lectores como para autores. Espero que el blog alcance tanto éxito como alguna vez lo tuvo la revista.

Paola Jauffred Gorostiza

  
 
 
 
 
 
 
       

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Jeremías Ramírez Vasillas

Jeremías Ramírez Vasillas

Nació en la ciudad de México en 1953. Estudio la licenciatura en Ciencias de la Comunicaciónen la Facultadde Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad NacionalAutónoma de México. Ha escrito tres libros: Comunicación educativaAntología de cuento brevísimo y Arañas sobre el silencio (minificción) por publicarse bajo ediciones La Rana del gobierno del estado de Guanajuato. Ha dirigido siete cortometrajes: Radio Búho, Parada Paraíso, Mina, Sintonía 1700, Desesperanza, La Princesa del Pacífico y Sirenas en la noche, estos últimos tres aún en posproducción. Ha escrito para diversos periódicos como el AM de Celaya, la Revista Chopper de Guanajuato, Historia On Line, de España y la Revista Digital Justa de Editorial Jus. Ganó el Premio Especial Malayerba, con el Cortometraje Parada paraíso (Festival Internacional de Cine Expresión en Corto, 2004)y la Mención al Mejor Corto Mexicano con Radio Búho (Festival Internacional de Cine “Voladero” de Monterrey, 2004) y el premio al concurso permanente de cuento brevísimo de la revista El Cuento, de Edmundo Valadez, en 1997; también ha sido ganador del Concurso de Cuento de junio de 2009 en la página de internet Las Historias de Alberto Chimal y finalista en el Virtuality Literario Caza de Letras 2010. Dirige la Casa Productora Ikono  Audiovisual y coordina el Laboratorio de Medios en el Campus Celaya Salvatierra de la Universidad de Guanajuato e imparte en esta Universidad las cátedras de Publicidad y Comunicación[1]

Clarisse

En la noche después del trabajo, en un cuarto lleno de instrumentos de música, Clarisse se sienta delante del minitel y marca: —Nom: Lis— espera… pronto en la pantalla gris aparecen nombres: Jean, Didier, Docteur, maçon… responde, él escribe con errores ortográficos. Pasa al siguiente. Suena el teléfono. Clarisse tiene hambre. Abre el refrigerador, está lleno de yogures, de queso, de Haut-medocs, Bordeaux ¡Ah!… el eterno comer… la lucha de lo cotidiano. Y hoy en el trabajo rellenar formularios, y esta mañana ir a la psicoterapeuta ¿Cómo se siente Ud. hoy? ¿Sus hijos? ¿Su amante? Una mujer que vive en el norte y trabaja en el Sur, una mujer que sueña con no hacer nada. Estar tendida en una cama, y tener un esclavo negro abanicándola con plumas de pavo real. Y sería lo ideal… y el amante vendría después del trabajo y ella, hermosa, tendida como una odalisca en sábanas de seda, llena de cojines de plumas de oca, y ella graciosa de manos suaves y bellas joyas, y ella de pelo de oro y labios húmedos, con una luz hecha de vapor. Suena el timbre. Es la vecina. Sale al balcón rectangular, lleno de rosas, el conejo no está. Suicidio. Entra en su cuarto, el piso lleno de cagarrutas. Su pintura de labios en el suelo, y la foto del amante debajo del zapato.

Raquel Aponte
No. 134, Enero-Marzo 1997
Tomo XXIX – Año XXXIII
Pág. 100

Historia de un diálogo inútil

Un caballero entró en el café atestado. Con gran desasosiego se resignó a cmpartir la mesa que un solitario caballero ocupaba al borde de la plazoleta. El solitario caballero no presentó ningún inconveniente y el caballero se sentó. Y he aquí que ambos caballeros bebían y leían el periódico sin mirarse ni dirigirse una palabra. Pero el caballero tuvo escrúpulos de estar allí sentado sin darle conversación al solitario caballero. En realidad le agradaba estar así, en paz, leyendo su diario y saboreando su café, pero la presencia de otra persona en la misma mesa imponía un silencio molesto, un silencio indeciso, un silencio balanceado, un silencio en vilo que manchaba la serenidad con que leería la prensa y gustaría su café si estuviera solo; pensaba que el solitario caballero pensaba que sería cortés proponer un tema. Entonces vio en el periódico la reseña de un novedoso espectáculo: un hombre, Mercer a sus poderes hipnóticos, hacía que las personas ladrasen como perros, mallasen como gatos, silbasen como peces o se estuvieran tan tiesos como varas de ausubo. El artículo añadía que este hombre mostraba tener también una probada dote telepática, es decir, que leía los pensamientos. El caballero lo consideró todo una farsa y decidió comunicar su escepticismo al solitario caballero, que ocultaba su rostro tras el periódico.

—No sé cómo piense usted, pero yo… —comenzó a decir el caballero.

—Yo tampoco creo en la telepatía —lo interrumpió el solitario caballero, sin asomarse.

Diego Deni
No. 134, Enero-Marzo 1997
Tomo XXIX – Año XXXIII
Pág. 99

Azares del destino


Esta historia comienza como comienzan todas las historias. Dicen que eran muy felices desde antes de ser totalmente felices. Sus vidas se encontraron para encontrar el porqué de su vida. Jóvenes los dos, tenían que definir el rumbo de sus destinos jóvenes. Brillantes futuros que hacían brillar los presentes. El uno y el otro se tenían uno a otro. Jamás se habían pedido perdón, porque se sabían de antemano perdonados. Su amor florecía y tendrían una muestra que sólo tardaría unos cuantos meses en florecer.

Nadie podía imaginar que nada más porque sí, él decidió pasar por ese mismo lugar por donde una irresponsable descarga de alta tensión llevaba la preferencia y no respetó nada a su paso.

Sólo quedó el humo desvanecido para recordar que los recuerdos vuelan pero no se convierten en humo.

Así se acaba esta historia.

Hay historias que terminan igual que todas, hay otras que sin motivo y sin razón parece que no terminan. Son el inicio de destinos que se harán historias, que todavía no son, historias sin raíces que nada más porque sí tienen que enraizar, hacerse historias que serán raíces de otros destinos.

A mí todo esto me lo contaron mamá y los abuelos. Yo nací tres meses después de que se acabara la historia.

Gabriela Sáenz Carrillo
No. 134, Enero-Marzo 1997
Tomo XXIX – Año XXXIII
Pág. 92