Perseguido

Mi presencia se agota, cada día me es más insoportable esta angustiosa existencia. Muy contra mi voluntad he tenido que alterar mis hábitos cotidianos. Yo, que estaba acostumbrado a disfrutar plenamente de la vida al aire libre. Me gustaba presenciar el momento cuando en aquellas frescas madrugadas empezaban a aparecer formas y colores; me deleitaba al sentir la humedad del rocío penetrar por los poros de mi piel. Ahora tengo que permanecer oculto y a la sombra; no puedo salir a admirar tan siquiera el instante en que el sol hace un último guiño a la tierra antes de ocultarse en el ocaso.

Únicamente por las noches, cuando la obscuridad es más profunda puedo salir de mi escondite unos instantes, y a pesar de que tomo muchas precauciones me veo constantemente amenazado de muerte. Anoche estuvo a punto de caer abatido por aquella bala maldita. Sí, ¡soy un perseguido! Con gusto me dejaría matar si tuviera la certeza de que mi familia quedaría a salvo; pero no es así, la consigna es acabar conmigo y con los míos, y sin embargo, yo no he cometido ningún delito, nunca he buscado pelea ni he sentido rencor para nadie: no soy un rebelde, ni guerrillero idealista.

Quisiera poder cambiar mi destino, pero esto es imposible. Con mucho esfuerzo tengo que resignarme a seguir soportando la humilde existencia de tímido conejo que Dios me dio.

Efraín Boeta Saldierna
No 45, Septiembre-Octubre 1970
Tomo VII – Año VII
Pág. 714

Anuncios

Opina

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s