El tesoro

Había una vez un hombre que quería morir y cuando se puso a cavar su propia tumba se encontró un tesoro.

Lucio Estévez
No 45, Septiembre-Octubre 1970
Tomo VII – Año VII
Pág. 727

La segunda muerte

Labré una piedra, esmerándome, queriendo darle una apariencia magna, profunda; y cuando creí estar a punto de lograrlo, la piedra se desmoronó junto con mis ilusiones.

Busqué otra piedra y empecé nuevamente la lucha y casi al final, el mismo final prematuro como bofetada que me animaba a empezar de nuevo.

Empecé de nuevo, una, dos, cinco, veinte veces, así hasta el infinito, hasta que encontré la muerte y conocí en persona a mi Dios… a imagen y semejanza de las esculturas siempre despedazadas.

Ya en el Paraíso, empecé nuevamente mi afán, y al marcar la última cincelada, la piedra se desmoronó.

Pero esta vez cayó sobre mí, convirtiéndose en mi lápida.

Enrique A. García Cuellar
No 45, Septiembre-Octubre 1970
Tomo VII – Año VII
Pág. 725

Desilusión

—Nos vamos —declaró el jefe de los fantasmas al reportero— porque ya nadie cree en nosotros; porque, sin consultarnos, han vendido los grandes espejos frente a los cuales danzábamos. Nadie nos teme ni nos celebra y, burla sobre insulto, los niños de la casa han intentado prender fuego a las sábanas que forman nuestro vestido ilusorio. En vista de… ¡Adiós!

Roberto Bañuelas
No 45, Septiembre-Octubre 1970
Tomo VII – Año VII
Pág. 721

Amoris causa

Conservo con afecto profundo en un pequeño cofre los bombones que me enviaste el año nuevo aquel. No los he probado y gracias a ello subsisto. No te reprocho la dosis de cianuro que contienen en la cereza del relleno, porque se que tu intención estaba llena del más sincero amor.

Yo correspondí con la bala calibre 25 que desafortunadamente te causó un intenso dolor cerca de la clavícula izquierda y que te tuvieron que extraer en cruel operación. Pero mi intención te lo juro, nunca fue esa. Se que la conservas y te lo agradezco de todo corazón.

Tengo unos pétalos en mi sagrada biblia, de las flores aquellas que te envié y que por desgracia llegaron tarde causando la muerte del joven que debió entregártelas a una hora y que por una negligencia estúpida retrasó absorbiendo todo el gas letal que contenían.

Si no hay nuevos contratiempos, espero que recibas esta misiva llena de amor y que al tocarla no sufras y reposes en espera del sueño eterno pensando con cuanto amor y sacrificio obtuve en la India estos extraños y efectivos polvos de que está impregnada.

Gustavo Meza
No 45, Septiembre-Octubre 1970
Tomo VII – Año VII
Pág. 720

Propósitos de enmienda

Cerró fuertemente los ojos y se hizo el firme propósito de cambiar. Cambiar radicalmente su modo de ser y sus costumbres: a partir del momento en que tomó esta decisión no volvería a abusar de su condición de hacendado para explotar hasta el agotamiento la capacidad de trabajo de sus peones: no ejercería el falso derecho de pernada cuando se registrara un matrimonio entre la gente de su hacienda; no satisfaría más las urgencias de su libídine obligando a sus peones a entregarle sus mujeres, sus hijas, sus hermanas…; no permitiría que se vendieran a precios exorbitantes los artículos de sus tiendas de raya, ni consideraría las deudas por ese concepto como hereditaria; no volvería a golpear ni mandar azotar a ninguno de sus peones…

Abrió los ojos, pero no pudo ver nada: los cubría una venda que tenía anudada alrededor de su cabeza. Entonces recordó… y nuevo propósito le vino a la mente: jamás volvería a tratar de engañar a ningún general zapatista.

Pero ya estaba de espaldas al paredón de fusilamiento…

Jesús Cisneros Palacios
No 45, Septiembre-Octubre 1970
Tomo VII – Año VII
Pág. 719