El gobierno perfecto

Nuestro gobernante —hermoso, prudente y sabio—, inveterado entusiasta en la solución de todos los problemas, alivió nuestra preocupación cuando aceptó terminar con la pública amenaza que constituía el gran hoyo que se había formado en el centro de la ciudad.

Al día siguiente de nuestra visita, un valeroso grupo de trabajadores especializados inició la tarea de cavar un hoyo vecino de las mismas dimensiones, cubriendo con la tierra que sacaban, la oquedad del ya existente.

Mil novecientos setenta veces realizaron la misma operación, logrando con tan sutil procedimiento sacar el hoyo de la ciudad, el cual fue depositado en este profundo remanso del río, mismo en el cual encuentran pasajera tranquilidad nuestras vírgenes insomnes.

Roberto Bañuelas
No 45, Septiembre-Octubre 1970
Tomo VII – Año VII
Pág. 736

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