Abismo


“Vuelvo a casa de una fiesta que la señora de Almonte dio en su residencia de San Ángel, con la cabeza ardiendo y el alma trepidante. Entre el vaivén de la multitud que llenaba los salones, se abrió ante mí un abismo verde como el verde de algunos prados, profundo como el mar: los ojos de una mujer. Yo caí en ese abismo, instantáneamente, como el hombre que cae de una alta roca y se precipita en el océano. Atracción extraña, irresistible…”

Diario del Dr. Atl
No 45, Septiembre-Octubre 1970
Tomo VII – Año VII
Pág. 792

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Pócima feliz


TOKIO, 17 de junio. (A.F.P.). —Hueso de tigre, ciruelas chinas ahumadas, jarabe de crisantemo y una lágrima de esencia de cuerno de ciervo ruso, componen la mixtura servida en un salón de té de Tokio a los hombres que buscan un tónico eficaz.

El coctel es servido tarde por la noche o de mañana temprano, a fin de procurar alivio a las difíciles “crudas”.

Los paladares más delicados completan la infusión con una ración de “hormonas fritas” que sirve un restaurante vecino.

Cable de France Presse
No 45, Septiembre-Octubre 1970
Tomo VII – Año VII
Pág. 780

Rodolfo Alonso

Rodolfo Alonso

Rodolfo Alonso nació en Buenos Aires, Argentina, en 1934. Fue el miembro más joven del grupo de vanguardia Poesía Buenos Aires. Tradujo a numerosos autores de diversos idiomas. Dirigió su propia editorial. Antologías de su obra poética fueron publicadas en Bélgica, España, México y Colombia. Poeta, ensayista y traductor. A partir de Salud o nada (1954) publicó más de 25 libros propios, la mayoría de poemas pero también de ensayo, reflexión y narrativa. Primer traductor de Fernando Pessoa en América Latina y de otros grandes autores. En 1997 recibió el Premio Nacional de Poesía por su libro Música concreta (1994). La Universidad de Carabobo (Venezuela) lo distinguió, en 2002, con la Orden Alejo Zuloaga. Fue Premio Konex de Poesía 2004. Recientemente, la Academia Brasileña de Letras le otorgó su máxima distinción (2005). Rodolfo Alonso fue siempre un comentarista comprometido de la actualidad literaria, cultural y hasta política no sólo de su país y de las Américas sino de Europa y del ancho mundo, siendo su «palabra insaciable» antes de nada la de la «defensa de la poesía» -títulos significativos de libros suyos-, pero también la de la «libertad libre» que ella supone, como la proclamó Rimbaud, a quien fue comparado por sus compañeros de generación. Según palabras de Jose Augusto Reabra, Entregándose por entero, aunque «inseguro», al amor de las palabras, Rodolfo Alonso tiene la lucidez del poeta que, deseando «hablar claro» (Hablar claro es otro título sintomático de una colección suya de poemas, de 1964), siente siempre la «carencia» y al mismo tiempo la potencialidad infinita de sentidos del lenguaje: «Las palabras, me descubrí diciendo alguna vez, son aproximativas» -escribe, explicitando el doble significado de la expresión: nunca podrán ellas significarlo todo, imprecisas como son, pero sirven aún así para aproximar a los hombres». En el presente año obtuvo el Premio Internacional de Poesía en lengua castellana, convocado por la Revista Prometeo.[1]

Ruptura


Ruido de rotas vísceras de alambre, ruido de tiempo atrás, ruido de espanto. Ruido de paso perdido, de cosa que rodó. Ruido atroz, de repente, riguroso, ríspido. Ruido de corrosión, de rechinar, de raerse. Ruido de caer, de romperse, de desgarrarse, rugiendo, rebotando. Ruido roedor, rabioso, revulsivo. Ruido de corrupción, de repulsión. Ruido drástico, real. Ruido que rompe.

Rodolfo Alonso
No 45, Septiembre-Octubre 1970
Tomo VII – Año VII
Pág. 770