Abismo


“Vuelvo a casa de una fiesta que la señora de Almonte dio en su residencia de San Ángel, con la cabeza ardiendo y el alma trepidante. Entre el vaivén de la multitud que llenaba los salones, se abrió ante mí un abismo verde como el verde de algunos prados, profundo como el mar: los ojos de una mujer. Yo caí en ese abismo, instantáneamente, como el hombre que cae de una alta roca y se precipita en el océano. Atracción extraña, irresistible…”

Diario del Dr. Atl
No 45, Septiembre-Octubre 1970
Tomo VII – Año VII
Pág. 792

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