Duda eterna


El día del Juicio Final, Dios juzga a todos y a cada uno de los hombres.

Cuando llama a Manuel Cruz, le dice:

—Hombre de poca fe. No creíste en mí. Por eso no entrarás en el paraíso.

—Oh, señor —contestaba Cruz—, es verdad que mi fe no ha sido mucha. Nunca he creído en vos, pero siempre te he imaginado.

Tras escucharlo, Dios responde:

—Bien hijo mío, entrarás en el cielo; más no tendrás nunca la certeza de hallarte en él.

Gabriel Cristián Taboada
No. 86, Marzo-Abril 1981
Tomo XIV – Año XVI
Pág. 608

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