Engaño traición estafa


Mercaderes ávidos nos cambian sin que lo sepamos, porque los cambios mínimos nadie los nota, y así los malditos nos sustituyen célula por célula, hoy por ejemplo en la punta de la nariz, mañana en el dedo pequeño del pie, nos van quitando nuestro ser e instaurando fracciones mínimas del de otra u otras personas. Naturalmente que al cabo de cinco años sospechamos la estafa y no enfurecemos, pero a esas alturas ya todo es peligroso, porque a lo mejor somos enteramente la otra persona por quien nos han sustituido, y cualquier cambio podría resultarnos contraproducente.

Así, caso asombroso de dos personas transformadas mutuamente en la otra a través de un largo proceso, al terminar éste gritaron, cambiaron de lugar y fue como si nada hubiera pasado. Las sustituciones nunca son tan simples como en este caso de improbabilidad casi infinita. La variación de materiales es mucho más compleja; el surtido de combinaciones sorprende, y la pesadumbre de uno al saber que anda todo repartido por allí, inagotable. Las amenazas de incesto son vagas, pero persistentes; el sobresalto de reconocerse en cierta córnea cierto poro cierto lunar, indefinido pero omnipresente.

Lo bueno de estas cosas es que le pasan solamente a otros.

Luis Britto García
No. 86, Marzo-Abril 1981
Tomo XIV – Año XVI
Pág. 620

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