Misterios del perfeccionamiento humano

El sacerdote había aconsejado a su penitente que reprimiera los pecados de la carne, no sólo en ella sino en los prójimos también. Procurando atender a esta recomendación la muchacha se había comprado unos sostenes de resistente estameña con los que apretaba sus senos hasta hacer desaparecer la curva provocativa, colocaba alrededor de su cintura una almohada de plumas que disimulaba eficazmente la angostura del talle y procuraba que sus medias estuvieran torcidas y con carreras nunca reparadas.

Y fue de esta guisa como —inocentemente— provocó los malos deseos de un ser incierto, cuyo sexo no pudo ser claramente determinado.

—Persevera, hija; estás en el buen camino —tranquilizó el confesor a la penitente anegada en lágrimas confusas.

Y para dar este consejo, se apoyaba muy sagazmente en las conclusiones del cálculo estadístico y en el simple juego de las probabilidades.

Luis Martín Santos
No. 86, Marzo-Abril 1981
Tomo XIV – Año XVI
Pág. 617

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