Elena Dreser

Elena  Dreser

Elena Dreser es originaria de Río Negro, Argentina. Reside en la ciudad mexicana de Cuernavaca donde cultiva su jardín. Cuando necesita descansar del trabajo literario, apaga la computadora y toma tijeras de podar. Así, le nacen flores y cuentos, hortalizas y novelas que reflejan la naturaleza en todo su esplendor.

Además, Elena es una auténtica trotamundos. Con sus vivencias de tantos viajes enriquece las originales y atractivas historias que escribe. Sus libros son favoritos de niños y maestros, e integran las bibliotecas de varios paises.

Ha sido galardonada con diversos reconocimientos, entre ellos destacan: Premio Salvador Gallardo Dávalos, Instituto Nacional de Bellas Artes / Instituto de Cultura de Aguascalientes; Premio de Cuentos para Niños, Instituto Mexicano del Seguro Social; Premio Internacional A la Orilla del Viento, Fondo de Cultura Económica, por Manuela color canela, segundo Premio de Relatos cortos Tierra de Monegros, Huesca, España 2008.

Fue nombrada miembro correspondiente de la Academia Latinoamericana de Literatura Infantil en el congreso de LIJ, Quito, abril 2007.[1]

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Atracción

Quizás él supo que estaba cayendo en una trampa de la que sería imposible escapar. Tal vez presintió que no era su belleza sino la hipnosis de su mirada lo que lo acercaba a ella, paso a paso, irremediablemente. Sólo resistía unos segundos al magnetismo de su presencia y volvía a caer en la atracción de esos ojos negros, del cuerpo perfecto que inmóvil sobre la superficie blanca parecía aguardar sin prisa su acercamiento.

Ella en cambio se veía serena, como acostumbrada a ese tipo de conquistas. Cuando por fin tuvo a su alcance al pequeño insecto, la bella mariposa negra agitó las alas en señal de triunfo.

Elena Dreser
No. 91, No. de 20 Aniversario – 1984
Tomo XIV – Año XX
Pág. 369

La fe y las montañas


Al principio la Fe movía montañas sólo cuando era absolutamente necesario. Con lo que el paisaje permanecía igual a sí mismo durante milenios.

Pero cuando la Fe comenzó a propagarse y a la gente le pareció divertida la idea de mover montañas, éstas no hacían sino cambiar de sitio, y cada vez era más difícil encontrarlas en el lugar en que uno las había dejado la noche anterior; cosa que por supuesto creaba más dificultades que las que resolvía.

La buena gente prefirió entonces abandonar la Fe y ahora las montañas permanecen por lo general en su sitio.

Cuando en la carretera se produce un derrumbe bajo el cual mueren varios viajeros, es que alguien, muy lejano o inmediato, tuvo un ligerísimo atisbo de Fe.

Augusto Monterroso
No. 91, No. de 20 Aniversario – 1984
Tomo XIV – Año XX
Pág. 368

Aún vive

Yo le conocía tanto por las deformaciones imitativas como por el libro que en forma de novela ocultaba su verdadera biografía. Me dio pena de verlo con el traje raído y manchado de grasa, hurgando desesperadamente con su viejo bastón entre los montones de basura. Mostrando extrañeza, osé acercarme para tener el honor de cruzar unas palabras con él.

—¡Conde Drácula! ¿Qué hace usted en esta barriada donde abundan las maleantes”

Me miró larga y tristemente, ultrajado —creo— por haber sido reconocido en tan deprobables circunstancias.

—Qué quiere usted, gentil doctor: los reveses de la fortuna y la vejez han destruido mi antigua grandeza, pero no mi antiguo mal. Carente de dinero y fascinación, recurro a este abominable menester de buscar gasas y lienzos ensangrentados con los que preparo infusiones para serenar el torbellino de mi espíritu.

Saqué de mi maletín un frasco de plasma y se lo regalé. Los ojos del Conde se abrillantaron con unas lágrimas inevitables; luego, con voz que la emoción quebraba, musitó la palabra gracias y se alejó con prisa.

Roberto Bañuelas
No. 91, No. de 20 Aniversario – 1984
Tomo XIV – Año XX
Pág. 367

Telefonazo de computadoras

Un cerebro electrónico, domiciliado en Bruselas, no podía con un problema. Entonces el cerebro electrónico llamó por teléfono al Centro de Cálculos de Oslo, en donde una calculadora de gran potencia le dio la solución al cerebro electrónico de Bruselas. Por primera vez en la historia de los ordenadores, dos “computadoras” se telefoneaban a larga distancia, sin ninguna intervención humana. Esto acaba de ocurrir en este mes de abril de 1965.

(sin crédito autoral)
No. 44, Julio – Agosto 1970
Tomo VII – Año VII
Pág. 607

Un pez arrepentido

Frank Tor lloró tanto que se convirtió en pez. Después se arrepintió tanto de haber llorado que odió ser pez (sus lágrimas no tienen valor en las profundidades del mar), y así, de tanto llorar de ser pez, Frank Tor es hoy el único hombre pez que existe y se cree que jamás podrá ser encontrado para preguntarle porqué ha llorado tanto.

Gabriel Jiménez Emán
No. 44, Julio – Agosto 1970
Tomo VII – Año VII
Pág. 667

Los mundos

El hombre sabio estaba empeñado en descubrir si había vida fuera de su mundo. Con tal fin se pasaba las horas y los días observando por su telescopio. Cierta noche, dijo a su complaciente esposa:

—¿Sabes?, hoy he tenido la intensa sensación de que un ojo gigantesco me miraba desde el cielo.

—Tonterías —dijo ella—. Vamos, la cena está lista.

En aquel mismo instante, en un lugar muy distinto, alguien decía:

—¿Sabes papá?, hoy, al estar jugando con mi microscopio, me ha parecido sentir que un ojo diminuto me observaba desde el portaobjetos.

—Bah, tonterías —dijo el padre—. Anda, la cena está lista.

Jorge Marin P.
No. 44, Julio – Agosto 1970
Tomo VII – Año VII
Pág. 665

Alejandro Victoriano Ordorica Saavedra

Alejandro Victoriano Ordorica Saavedra

 

Alejandro Ordorica, México. DF, 1946. Es licenciado en Comunicación Social por la UIA(1965-1969). Se ha desarrollado como delegado político (1994-1996); director general del Programa Cultural de las Fronteras del Consejo Nacional para la Culturay las Artes (1989-1991); coordinador nacional de Difusión de los Censos de Población en la Secretaríade Programación y Presupuesto (1980); director de Radio en la Secretaríade Gobernación/RTC (1983-1985). Fue fundador y director del “Festival Internacional de Cultura del Caribe” (1987) y organizador del “Festival de la Raza” durante cuatro años consecutivos, así como de diversos encuentros de cultura chicana en la ciudad de México.[1]

Alejandro Ordorica (por Paco Ignacio Taibo I)
 

Enla Sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes se produjo un atiborramiento de colaboradores, amigos y colegas de Alejandro Ordorica.

No era para menos, ya que Alejandro fue dejando su huella, su talento y su constante trabajo en actividades que mucho tuvieron que ver con la cultura.

Se podría decir que por donde Alejandro Ordorica pasó fue siempre bien recordado.

Últimamente Alejandro parece haberse recogido en su propio talento y se hizo poeta como otros se hacen magos de la palabra.

Alejandro acaba de ganar el premio “Tintanueva” de poesía 2005.

Después de una larga carrera encuentra un amor nuevo y una poesía novísima.

Este es el segundo libro de poemas de Alejandro Ordorica y se titula Inmediaciones del delirio.

El libro contiene una “oda a la manzana”, la copio: Manzana eres y en paraíso te convertirás.

Bendita seas porque nos haces felices sin tener que pecar.

A fin de cuentas, Dios te moldeó suavemente entre sus manos, para calcular la tentación.

Enla Bibliase inscribe abundante y fantasiosa tu biografía, pero la cuentan desde antes las primeras escrituras. Así reinó tu circular presencia en leyendas y profecías.

Cáscara roja, cintura de sangre, tus sabores los bautizó la poesía.

Por dentro, por fuera, armonizas las viandas y hasta colmas, versátil, las copas con tu zumo.

A veces envejeces regiamente en sidra o recorres la aristocracia con ilusión de espuma.

Pobres y ricos, cada siglo, te erigen en diosa saludable dela Cortede los Milagros.

Eres planeta rojo que desdela Tierraanticipas la paz de Marte.

Desde hace mil años, te veo posar lo mismo en la mano del emperador, que entre los dientes del campesino.

Un mordisco es amor de dulzura exacta, que no sabe de empalagos, porque tu jugo es acidez y transparencia de lágrima.

Provoca siempre la primera mordida para que nunca muera tu leyenda irresistible y el mito sobreviva a la serpiente.

Pienso que tienes la forma del mundo y por eso tu contorno es tan humano.

Pero nunca tanta perfección como el mármol suave de tu cuerpo, ni la piel entrañable que encierra nuestra semilla ancestral.

Tus polos son lo más cercano al corazón y cada vez que apareces en la rama, despierta la esperanza.

Vistes con la contundencia de las estaciones: Recorres la pasarela vestida de verde cuando llega la hora de las flores, a veces te disfrazas de otoño, pero me gusta más tu pasión por el rojo del verano, aunque te he visto blanca y jugosa en el invierno que intentas derretir.

Entonces me pregunto: ¿Cuál es el color de tu alma? ¡Qué importa! Sabes a paraíso con eso basta.[2]

 

La última guerra

No obstante los millones de años luz pasados, los astros en sus cuitas espaciales aún la recuerdan. A uno de ellos, que lucía la esclavitud circundante impuesta por un anillo de mágicos resplandores, le oí decir: nació del cosmos y la amamantaron las estrellas. Cuando niña conoció la tranquilidad pero ya adolescente la carimarcaron con bombas. De adulta en su piel sintió el terrible ardor de la explosión nuclear, pero más le dolió la incomprensión y el odio. Murió resquebrajada y con decepción profunda. Desde su muerte el día no existe pues la tristeza enfrió el sol. Siempre hay noche, luto eterno, negro terciopelo pegado al aire. Eso hizo el hombre con la Tierra —acabó diciendo entre los sollozos que caían de su cielo.

Alejandro Victoriano Ordorica S.
No. 44, Julio – Agosto 1970
Tomo VII – Año VII
Pág. 664

Un ángel


NAIROBI, Kenya, 11 de Noviembre. (AFP)— “Un ángel llegará el lunes a Asmara y dirigirá un mensaje al mundo, a las 19:30 horas exactamente”. Es el propio ángel quién avisó del acontecimiento a Gabriel Simiyu, joven católico de Kenya, de la tribu de los Bakusu, y al que el viceministro de Relaciones, Robert Matano, presentó ayer a la prensa en Nairobi.

“Al atardecer del 20 de Octubre, regresaba a mi hogar con un amigo ugandés, cerca de Jinja (Uganda), cuando una luz deslumbradora surgió al este. Un ángel nos detuvo. Iba vestido de blanco y parecía una etíope. Una nueva luz nos cegó y nos encontramos repentinamente en otro mundo, donde el ángel nos informó de su misión y nos dio cita en Asmara”, declaró Gabriel Simiyu.

Simiyu señaló que el gobierno de Uganda había pagado el viaje a su amigo, John Egesa, y que él pedía el mismo favor al de Kenya, para poder llegar a Asmara el lunes, antes de las 19:30 horas.

Agencia France Presse
No. 44, Julio – Agosto 1970
Tomo VII – Año VII
Pág. 660

José Edmundo Clemente

José Edmundo Clemente

 Ficha de la Galería de Directores de la Biblioteca Nacional 1976-1979 | José Edmundo Clemente.

José Edmundo Clemente (1918), bibliotecario de profesión y ensayista, fue subdirector de la Biblioteca, acompañando a Borges. Escribió un ensayo sobre El lenguaje de Buenos Aires, quizás su obra más conocida, que circuló junto con El idioma de los argentinos, de Borges. La última dictadura militar lo designó director de la Biblioteca Nacional, apenas producido el golpe de Estado.[1]

 

Resolución de “Doctor Honoris Causa” de la Universidad Nacional de Salta

 SALTA, 04/04/05.-

Expediente N° 4.045/05.-

RESOLUCIÓN CS Nº 085/05.-

VISTO estas actuaciones, por las cualesla Escuelade Letras, Instituto “Luis Emilio Soto” e Instituto “Augusto Raúl Cortazar”, ponen a consideración la propuesta de los escritorios Raúl Aráoz Anzoátegui y Santiago Silvester, para otorgar el Título de “Doctor Honoris Causa” al escritor salteño José Edmundo CLEMENTE, y

CONSIDERANDO:

Los fundamentos que avalan el pedido y la trayectoria del escritor salteño, justifican ampliamente la solicitud.

Que:

  • José Edmundo Clemente, ensayista y bibliotecario nacido en Salta el 16 de noviembre de 1918, cursó sus estudios primarios en su ciudad natal y luego en Buenos Aires realizó su formación en filosofía enla Facultadde Filosofía y Letras dela UBA.
  • Su obra literaria se inicia a la edad de 30 años cuando publicó su primer libro “Estética del lector” (1951), que alcanzó 4 ediciones. Los temas como la estética, metáfora y el lenguaje han orientado su labor literaria, que alcanzó varias obras: Estética de la razón vital (1956); Los temas esenciales de la literatura (1959); Estética del contemplador (1960); El ensayo. Estudio y antología de ensayistas argentinos (1963); El lenguaje de Buenos Aires (1965); Historia de la soledad (1969); Descubrimiento de la metáfora (1977); El tercer infierno (1979); Guía de lecturas informales (1988); Geografía de la metáfora (1997).
  • En 1956 fundó la escuela Nacional de Bibliotecarios que actualmente se transformó en el Instituto Superior de Bibliotecología del que continúa siendo su Rector y del que es el principal artífice de su organización y desarrollo. Sin duda la actividad docente constituyó una de sus principales motores vitales.
  • Otro aspecto de su actividad está relacionado con su función pública: desde 1943 se desempeño como Bibliotecario Jefe del Ministerio de Obras Públicas dela Nación. En1955 fue designado Vice Director dela Biblioteca Nacional, acompañando a Borges en la conducción de la institución. En 1963 fue nombrado Director General de Cultura dela Nación(Hoy Secretaría de Cultura). En 1976 asumió la dirección de la biblioteca Nacional, cargo que desempeño hasta 1979. En 1982 asumióla Subsecretaríade Cultura dela Provinciade Buenos Aires.
  • Ha sido colaborador de varios suplementos culturales, como el deLa Nacióny dirigió el Suplemento Cultural deLa Prensa.
  • El 11 de mayo de 1995 fue incorporado como miembro dela Academia Argentinade Letras y es Miembro correspondiente dela Real AcademiaEspañola. El Gobierno de Francia lo condecoró conla Ordende Caballero de las Artes y las Letras.

Que el inc. 10) del Artículo 100 del Estatuto de la Universidad Nacionalde Salta establece: “Otorgar, por el voto de los dos tercios del total de sus miembros, el título de “Doctor Honoris Causa”, a aquellas personalidades de sobresaliente trayectoria en el país o en el mundo cuyo aporte sea significativo”.

Por ello, en uso de las atribuciones que le son propias y atento a lo aconsejado porla Comisiónde Docencia, mediante Despacho Nº 44/05,

EL CONSEJO SUPERIOR DELA UNIVERSIDAD NACIONALDE SALTA

(en su Tercera Sesión Ordinaria del 31 de marzo de 2005)

R E S U E L V E :

ARTÍCULO 1º.- Otorgar el Título de “Doctor Honoris Causa” dela Universidad Nacionalde Salta, al escritor salteño José Edmundo CLEMENTE, en mérito a su trayectoria sobresaliente en el campo de la cultura.

ARTÍCULO 2°.- Comuníquese con copia a: Rectorado, Facultades, Sedes Regionales, IEM, escritor José E. Clemente, Dirección de Control Curricular, Dirección General de Personal y UAI. Cumplido, siga a Dirección de Control Curricular a sus efectos. Asimismo, publíquese en el boletín oficial de esta Universidad.-

RSR.

FDO: PROF. JUAN A. BARBOSA – ING. STELLA M. PÉREZ DE BIANCHI

Expediente Nº 4.045/05 Pág. 1/ 2[2]

 

 

Inventor de la TV


John Logie Baird perteneció al tipo inventor múltiple de fines del siglo pasado. Nacido en Helensburg, localidad cercana a Glasgow, Escocia, el 13 de agosto de 1888, sufre del nerviosismo creador de una época que pareciera no haber querido dejar tarea alguna para nosotros. La segunda mitad del siglo XIX encapsula y dispara a nuestro siglo. Julio Verne fue el profeta mayor de esa tumultuosa tecnología; Edison el mejor sacerdote. Braid, igualmente disperso, tantea primero sus fuerzas en invenciones de tipo doméstico. Empieza fabricando plantillas de papel termostático a fin de calentar los pies en los días fríos; zapatos con suela inflada para un andar cómodo y resistente; navajas de afeitar de hoja duradera e inmellable, y hasta se le atribuye un diminuto timbre accionado por luz solar. Entre las múltiples actividades comerciales, tenazmente ruinosas, se cuenta la instalación de una fábrica de mermelada en las Indias Occidentales, la preparación de un fertilizante de jardín a base de nuez de coco, un nuevo tipo de jabón, una sustancia limpiadora de zapatos y otras menudencias explicables en un hombre de ambición fuerte y desordenada.

José Edmundo Clemente
No. 44, Julio – Agosto 1970
Tomo VII – Año VII
Pág. 659

El crítico

Se encontraba husmeando en la biblioteca. Se detuvo frente a un estante del cual tomó un libro encuadernado en azul. Era una novela. Comenzó a leerla con interés y al llegar a la cuarta página exclamó: “¡Puah! ¡qué porquería!” y destrozó el libro haciéndolo confetti.

Se metió a curiosear en una galería. Se detuvo frente a un cuadro de Kandisnky y tras un minuto de observación gruñó: “¡Puah! ¡qué porquería!” trazando sobre el cuadro una X con su navaja alemana.
Penetró en un teatro. Daban un concierto de piano. Escuchó atentamente al ejecutante y al poco exclamó “¡Puah! ¡qué porquería!” al tiempo que subía al escenario y dañaba el instrumento a golpes de bastón.

Entró a su casa. Se detuvo frente a un espejo. Observó detenidamente la imagen reflejada; al poco tiempo gruñó: “¡Puah! ¡que porquería!”… y se dio un tiro.

David Cruz Martínez
No. 44, Julio – Agosto 1970
Tomo VII – Año VII
Pág. 656

Dos horas más allá

Últimamente se sentía raro. A veces pensaba en ello, pero la mayoría del tiempo no lo hacía. En la ocasión que narro, viajaba a bordo de mi automóvil y sentía como que yo no era yo. Por un momento desconocí el sitio… Seguramente es una nueva zona de la ciudad —pensé—. Las casas eran de color blanco y, al frente y a los lados tenían flores de todos tipos. Me interesé por saber en donde me encontraba, pero al buscar información, no vi un solo ser en aquella extraña colonia. Continué dando vueltas un poco estúpidamente, y a pesar de ir y venir en una y otra dirección, no logré salir de la ciudad de casas blancas, en donde a veces se colaban algunas pintadas de color negro… Oscureció… Miré mi reloj, y distraído, más bien sorprendido, comprobé la inmovilidad de sus manecillas. La desesperación y el miedo empezaron a aparecer en mí, lo confieso, hasta que por fin vislumbré una silueta, que suspendida, se desplazaba y se acercaba a mí. Para apresurar el encuentro, caminé hacia ella, y pronto vi que se trataba de un niño, casi un adolescente.

—¿Puedo serle útil? —preguntó.

—Si, pequeño, creo que sí —contesté—. Me encuentro extraviado y confuso. Durante mucho tiempo he buscado la salida, y como ves, la noche me ha alcanzado… ¿Qué horas son?…

—Exactamente las 26 acaban de dar —me contestó—.

No pregunté más. Él se deslizó a la inversa y le seguí…

Norberto Treviño García Manzo
No. 44, Julio – Agosto 1970
Tomo VII – Año VII
Pág. 655

Eduardo Gudiño Kieffer

Eduardo Gudiño Kieffer

Yo nací junto conmigo el 2 de noviembre de 1935, en una ciudad que se llama Esperanza y que está en la provincia de Santa Fe, República Argentina.

Como te iba diciendo: yo nací junto conmigo. Somos algo así como gemelos. Aunque te confieso que yo no siempre me llevo demasiado bien conmigo, y conmigo no siempre se lleva demasiado bien con yo. ¡Qué lío! ¿Pero acaso tú estas siempre de acuerdo contigo? ¿No se te ocurre una cosa por un lado y exactamente lo contrario por otro? En fin, estas preguntas hay que hacérselas frente al espejo, porque conmigo (o contigo) es el que está del otro lado.

De todos modos, yo y conmigo coincidimos en muchas cosas. Por ejemplo: en el color del nombre de la ciudad donde nacimos. Esperanza. Es verde como los campos que la rodean, y en ciertas épocas dorado como los campos que la rodean. Y huele como los campos que la rodean. El papá y la mamá de yo y conmigo eran maestros de escuela. Los trasladaban a distintos lugares de la provincia. Así, además de Esperanza, vivimos en Centeno, en San Jerónimo Norte, en Villa Ocampo y en Reconquista.

Yo y conmigo también armonizamos en el hermoso recuerdo de las maestras que nos aguantaron en la escuela primaria; la señora Herminda Bouvier de Ciribé, la señora Juanita del Valle, la (entonces) señorita Beatriz Paravano Bielsa y la señora Isabel Heer de Beaugé. A todas las quisimos montones, y todas tienen la culpa de que yo y conmigo seamos escritores. Porque en lugar de decirnos “hay que dedicarse a una profesión lucrativa”, se dedicaron a fomentarnos el amor por las palabras, por la belleza, por la lectura, por los mitos y las leyendas, por la historia. Sí, ellas tienen la culpa. Y por eso tenernos que darles las gracias.

Pero también tienen la culpa nuestros padres que nos enseñaron que nada hay más lindo que leer y que poder expresarse escribiendo. Y esas adoradas tías, en cuya biblioteca descubrimos, a través de libros y libros, lo que un poeta francés llamado Paul Éluard resume en una sola frase: “Hay otros mundos, pero están en éste”.

Yo y conmigo somos el mayor; después están mi hermana Marita que vive en Estados Unidos, Blanquita que vive en Santa Fe, Aixa que vive en Zapala (Neuquén) y Cristina que vive en Buenos Aires. Las nombramos porque yo estoy celoso de conmigo cuando pienso en ellas, y conmigo está celoso de yo cuando las recuerda. Aunque estamos separados, somos una familia. No hay distancias para los lazos de la sangre.

Hicimos el secundario en el Liceo Militar General Belgrano de Santa Fe. ¡Uy, ahí sí que nos peleamos! Yo quería irme, conmigo quería quedarse. Al final ganó él: cumplimos los cinco años y egresamos con el título de bachiller y subteniente de reserva (lo pongo en singular porque nos dieron un solo diploma para los dos).

Empezamos a estudiar derecho de mutuo acuerdo. A ninguno de los dos nos entusiasmaba demasiado, pero como se decía en ese entonces: “serás lo que debas ser o si no serás abogado”. Logramos recibirnos después de innumerables bostezos. Para entonces ya habíamos escrito entre ambos un poema a la madre. Pobre mamá, siempre creyó que tenía un solo hijo. No sé si alguna vez se dio cuenta de que había dos adentro de un solo cuerpo.
Por suerte yo y conmigo no tuvimos problemas sentimentales: nos enamoramos muchas veces de mentira y una sola de verdad. Nos casamos los dos con la misma chica y tenemos ahora tres muchachitos: Florencio, Nicolás y Agustín. Cuando los miro me pregunto: ¿serán tres o serán seis? Porque si en cada uno hay dos…

Después de vivir un tiempo en París decidimos no quedarnos en Santa Fe y venir a Buenos Aires. Y aquí la vocación literaria empezó a convertirse en carrera. En 1968 se publicó Para comerte mejor, un libro que trata de un tipo que tiene también a un yo y a un conmigo adentro, pero los llama de una manera que no te voy a contar ahora. En 1969 salió Fabulario, en 1970 Carta abierta a Buenos Aires violento, en 1972 Guía de Pecadores, en 1975 La hora de María y el Pájaro de Oro y Será por eso que la quiero tanto, en 1976 Kokah de lujo y en 1979 Medidas negras, peluca rubia. ¿Quién los escribió? ¿Yo o conmigo? Para ser sincero, creo que fueron obras en colaboración. (…) Lo que yo quería contarte aquí es quién soy. Ya ves: no estoy muy seguro. ¡Ni siquiera sé si esta autobiografía la escribe yo o si la escribe conmigo![1]

 

El rulo


Maqué Bonavena niqué nocauténico n´el sestorrún; mucha spetativa y despué puro amague, niún punietazo como la gente. Menomal qu´el segundo asalto stuvo mejor y el brasilero ledió con toda y el Ringo reasionó y le metió un isquierdún n´la jeta que bueno bueno; despué siguió n´el tersero bastante bien, el negro se las traía y encajó l´isquierda en cros y meta derecha demientra, pero Bonavena lo calsó coún gancho la mandíbula y ahí s´empesó ver lo qu´es bueno. N´el cuarto otro derechaso de Ringo y el brasilero buscó el blinch; n´el quinto ya noavia nada queaser: Pires quedo chomosca y al rincón y meta campana. Y Gómes dijo tonses que no seguía la pelea y subió l´médico y chamuyaron un cacho n´el rincón y a la final dijeron qu´era nocauténico de Bonavena n´el sestorrún.

Stá bien, yo no viá desir que no stá bien: el Ringo sabe peliar. Pero lo qu´es yo salí del Lunapar con una cosa quí n´la garganta y me fui a sentar n´un banco de la plaza Roma; despué me dí cuenta qu´era lástima, tenía lástima del brasilero, pobre negro, quedó más jetón de lo que lo iso su madre. N´hay caso, yo no sirvo pa estas cosas.

Eduardo Gudiño Kieffer
No. 44, Julio – Agosto 1970
Tomo VII – Año VII
Pág. 653

Amnesia

Los golpes del oficial, primero, del verdugo después, parecieron ablandar algo dentro de él y dijo cuanto sabía. Durante seis horas hablo de la conspiración urdida por sus compañeros y en la cual también participaban militares de baja graduación.

Pero al día siguiente, tras haberlo fusilado, cuando ya habían ordenado el exterminio de los incriminados por él, advirtieron que su confesión aludía a una conjura abortada doscientos seis años antes (y encabezada por un individuo de su mismo nombre) contra el Virrey Don Pedro de Amézaga y Linares.

Tomás Araúz
No. 44, Julio – Agosto 1970
Tomo VII – Año VII
Pág. 652

Pedagogía equivocada

Según las enseñanzas de su madre, cuando sintió al Príncipe aproximarse, bajó la vista. Luego quiso verlo, pero había desaparecido. Entonces lloró y maldijo a su madre porque comprendió que, igual que ella, tendría que casarse con un hombre como su padre.

Tomás Araúz
No. 44, Julio – Agosto 1970
Tomo VII – Año VII
Pág. 652

Xorge del Campo

Xorge del Campo

Poeta, periodista cultural, cronista, amante de las letras y los libros. Xorge del Campo murió este miércoles 2 de julio, a una semana antes de cumplir 63 años.

Tras una vida de prolífica producción literaria y de investigación, Del Campo deja un importante legado que va desde la narrativa y cuento sobre la Revolución Mexicana (fue investigador-becario del Instituto Nacional de Estudios Históricos de la Revolución Mexicana), hasta la creación de un diccionario ilustrado de narradores cristeros, pasando por la crónica urbana y la relación del futbol y la literatura, siendo uno de los pocos creadores mexicanos que se interesó en ese tema de la cultura popular.

En 1986, con ocasión del segundo Mundial de Futbol realizado en México, Del Campo buscó hacer una antología de textos inéditos relacionados con el balompié que quedó en una pequeña colección de ocho relatos (El cuento del futbol, editorial Luzbel) después de entrevistarse con 50 autores.

Xorge del Campo consideraba que el balompié era parte de la cultura, aunque cada día más alejado de esta por estar convertido en un negocio.

Ganador en 1963 del Premio Xavier Villaurrutia de escritores para escritores que otorgan la Sociedad Alfonsina Internacional y el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (CNCA), a través del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA) de México, Xorge del Campo es recordado por quienes le conocieron como un verdadero amante de los libros.

Durante sus investigaciones del Campo se volvió un experto bibliófilo y allegándose todo tipo de materiales inusuales e incluso incunables. Además de cultivar las letras con sus ensayos, poesías e investigaciones, desarrolló el periodismo como editor, director y colaborador, marcando una trayectoria en el periodismo cultural.

Desde hace cinco meses su enfermedad se manifestó y empezó a minar su salud. El diagnóstico finalmente cerró toda esperanza: un cáncer de estómago que se le habí­a extendido hacia los pulmones y el cuello estaba acabando con la vida de este narrador infinito.

Sus colegas periodistas le recuerdan antaño leyendo en el café La Habana de Bucareli, punto de reunión obligado de escritores y periodistas de tantas épocas.

Xorge del Campo nació en Calimaya, Estado de México el 9 de julio de 1945. Estudió la licenciatura en Letras Mexicanas en la facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, la maestría en el Colegio de México y el Doctorado en la Universidad Complutense de Madrid España.

Colaboró en suplementos culturales de México y en revistas de nuestro país y el extranjero, poeta, ensayista y narrador, ha publicado nueve libros de poesía, seis de ensayos, dos novelas y un tomo de cuentos, así como tres volúmenes de crónicas y seis antologías.

Entre su obra creativa, ensayística y antológica cabe destacar Narrativa joven de México (1969), Animal de amor (1972), Flauta de ceniza (1985), Cuentistas y novelistas de la Revolución Mexicana, ocho tomos (1985), Los días que despertaron a México (1988), Crónicas de un chilango (1995), Espejos en su laberinto (1996), Quimera de sal (1999), así como su diccionario ilustrado de narradores cristeros.[1]

La eterna sombra


Amablemente, con todo respeto, le rogaba, le insistía a mi madre que se marchara, que se fuera, que ya no estuviese más a mi lado; pero ella no se iba…

—¿Cuándo acabará por irse, madre? Ya cantó la alondra, el sapo y el gallo, querido, venerable vejestorio. Ya se casaron y murieron sus demás hijos; ya tuvo nietos y bisnietos, y descendientes cuya progenie pasó hace siglos por la vida. Váyase ya, es su hora. Mire, que yo no quiero reírme de usted; es tan opaca, tan apagada, mi risa, incapaz de cualquier estruendo. Mi risa y mis insultos son indignos de usted, querida madre. Por favor, márchese…

Pero mi madre no se va. Está siempre junto a mí apara salvarme de mi maravillosa perdición.

Xorge del Campo
No. 44, Julio – Agosto 1970
Tomo VII – Año VII
Pág. 650