Mañana

Se abrochó a la vida temiendo lo venidero.

Para asegurar el futuro no quiso vivir cada minuto. Sólo el mañana era real, el presente no existía.

Dijo:

—En el mismo momento que lo pienso, en el mismo instante que lo siento, el tiempo se fue y se perdió en mis recuerdos.

Concluyó:

—Hay que vivir adelantando relojes, degustando lo que vendrá. Hay que transformar todo en una larga cadena de premoniciones y adivinanzas.

Así, asumió la vida como un documento a plazo fijo; la retorció como un cable, la presintió sin alcanzarla nunca, la dató con el día siguiente.

—Viviré mañana —decidió.

Y se murió el día antes.

Rodolfo Carcavallo
No. 86, Marzo-Abril 1981
Tomo XIV – Año XVI
Pág. 659

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