Un accidente


El cadáver del niño estaba en la acera, ocultado celosamente a las miradas bajo una manta. Unos policías cuidaban de que los curiosos no se acercaran demasiado, mientras aguardaban la llegada de las autoridades. Muy cerca, una señora lloraba desconsoladamente, gemía, gritaba sollozaba… “Es mi hijo, es mi hijo”, repetía incesantemente. El conductor del camión, pálido, desencajado, explicaba al agente de tráfico lo sucedido. Llegó un fotógrafo de Prensa y se puso a trabajar. El chofer no advirtió el flash, continuaba dando interminables explicaciones. La madre seguía sollozando, ocultando el rostro entre sus manos. Las personas que piadosamente asistían, increparon con gestos mudos al fotógrafo para que se alejara y no la molestara. Pero la mujer, advertida, al ver que el hombre se alejaba, tuvo ocasión de preguntarle, entrecortadamente, a voz en grito: “¿Para qué periódico trabaja usted?”

Alfonso Ibarrola
No. 86, Marzo-Abril 1981
Tomo XIV – Año XVI
Pág. 655

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