El fugitivo


Alzó un castillo inexpugnable, rodeado de puentes levadizos y fosos que se erizaban de púas. Estableció una guardia permanente en las almenas. Llenó los aljibes y atestó de provisiones las bodegas. Y cuando al fin se creyó libre del miedo, vio que el castillo encerraba todas las cosas de las que había pretendido escapar. Sus cortesanos y sus guardias eran en realidad sus carceleros y sus torturadores.

José Emilio Pacheco
No. 116, Octubre – Diciembre 1990
Tomo XIX – Año XXVII
Pág. 342

Cambio de vida

Lo calculó bien. Tenía la información suficiente para poder salir al exterior. Sus movimientos eran torpes, pero su voluntad era grande. Reptando por aquí, escurriéndose por allá, llegaría a través de la maraña casi impenetrable de fibras, vasos sanguíneos, y líquidos viscosos.

Pegadita por todo el bulbo olfatorio llegó a la lámina cribiforme del etmoides y con astucia se descolgó hacia la cavidad nasal. Ahí esperó… Por fin, en un aparatoso estornudo, la pequeña neurona salió al mundo exterior.

Sylvia Ordóñez Martínez
No. 116, Octubre – Diciembre 1990
Tomo XIX – Año XXVII
Pág. 336

El viudo

Uno quisiera ponerse triste y agarrarse a este sentimiento como una suerte de expiación. Pero todo es inútil: soy presa de la felicidad y temo echarme a reír con cada nuevo abrazo de pésame por la muerte de mi esposa.

Juan Manuel Valero
No. 116, Octubre – Diciembre 1990
Tomo XIX – Año XXVII
Pág. 331

Momento crucial

Sabía que sí, pero dudaba. De pronto, un segundo bastó para confirmar la naturaleza impostergable de aquel acto. Para decidir “no más”. Para salvar de una vez por todas la brevedad que se cierne alrededor de un sólo instante; y que, sumadas, estas brevedades conforman la existencia.

Un segundo apenas, para poner en la balanza los elementos del problema. Ordenarlos de acuerdo a su importancia, origen y posibles consecuencias. No fue fácil. Hubo que remontarse a la historia, a la filosofía de las ciencias. Que sopesar las teorías maltusianas y las de Darwin.

Más de una vez, sus razonamientos la habían colocado ante el mismo dilema.

En esta ocasión, no obstante, nunca tanta conciencia había precedido a tan oportuno movimiento. Y llevándose la mano hasta la nuca, con un certero golpe ejecutó ipso facto al insistente y atrevido mosquito.

César León
No. 116, Octubre – Diciembre 1990
Tomo XIX – Año XXVII
Pág. 328