El doble


El elegante señor Pelham combatía contra un doble infernal, un ser maligno que tomaba su forma, imitaba su lenguaje, adoptaba sus costumbres, lo sustituía en actos públicos, en todos los lugares, incluso en su domicilio. Deseando suprimir a ese reflejo suyo, el señor Pelham decidió un día realizar un acto anormal, que rompiera con la rutina de sus costumbres y fuera al mismo tiempo tan menor que pudiera escapar a la sagacidad sobrenatural del doble. Compró una corbata chillona, de diseño y colores atroces, se la anudó valientemente y entró en su propia casa, donde sabía que lo esperaba el doble sin esa horrible corbata de la que no podría haber otro ejemplar. Este iba a ser el triunfo del atribulado señor Pelham. La confrontación entre los dos adversarios ocurrió ante el mayordomo del señor Pelham, un hombre que lo había servido cerca de treinta años, y que, desconcertado, no acertaba a distinguir quién era el amo falso y quién el verdadero. Entonces el impostor asestó un argumento aplastante, en la forma de esta pregunta dirigida al sirviente:

—¿Me has visto alguna vez, James, llevar una corbata tan vulgar?

Anthony Armstrong (Versión resumida por José de la Colina)
No. 116, Octubre – Diciembre 1990
Tomo XIX – Año XXVII
Pág. 366

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