Común y corriente

Habían llegado de lugares opuestos y distantes. Él, de las fincas de café de Occidente, de allá de las faldas del volcán, en donde creció y se hizo fuerte. Ella, venía de las haciendas de la costa, de donde su pureza y fragancia natural las tomó de lo exuberante de aquellas verdes sabanas. Ahora, sin elucubrar en los misterios del destino se habían encontrado en aquel restaurante.

Y nadie se preocupaba por la procedencia de aquella sabrosa taza de café con leche.

Sergio Ovidio García
No. 91, No. de 20 Aniversario – 1984
Tomo XIV – Año XX
Pág. 426

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