El osario de Dios

Nolbelto de gracia y ello le bastaba para identificarse, tuvo su cara completa antes de que la lepra se la acabara. Primero le tarasqueó el oído de la derecha, le abrió la mejilla al punto de vérsele las muelas y por entre estos huesos la enfermedad se le pasó a la nariz, que también se la tumbó, hasta que finalmente se le corrió al ojo derecho de los dos que tenía azules y se lo escarneció.

Todos los años sin faltarle ni uno solo, Sotera su mujer le paría un hijo entre la candela, porque era epiléptica, hasta la llaga lo mató, pero Sotera siguió pariendo lo mismo y los muchachitos siguientes sacaban todos el ojo derecho azul

Alfredo Armas Alfonzo
No. 91, No. de 20 Aniversario – 1984
Tomo XIV – Año XX
Pág. 417

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