El juicio

Estaban reunidos miles de millones en aquel grandísimo valle. De pronto un ángel tocó la trompeta y todos guardaron el más absoluto de los silencios. Oyó una potentísima voz que lo llamaba por su nombre y mudo de espanto se acercó al tribunal, sin atreverse a mirar el resplandeciente trono. De pronto tropezó con el peldaño y cayó de bruces paralizado por el terror. De nuevo oyó la voz, esta vez muy cerca de él: “Si, ya van dos noches seguidas que se cae de la cama, doctor.”

Salvador Castañeda Pérez
No. 48, Septiembre 1971
Tomo VIII – Año VIII
Pág. 335

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La resentida o así se pasa la vida

Una hermosa mañana de primavera, antes de bajar a cocinar, le sacó punta a su lápiz y se sentó por un rato a escribir. Empezó: lista de agravios que me ha hecho la gente (se terminó tres lápices). Lista de agravios que me ha hecho la vida (cargó cinco veces una pluma fuente). Lista de agravios que me ha hecho Dios (cargó la pluma otras dos veces). Lista de agravios que me ha hecho mi marido (acabó con tres bolígrafos), y no terminó todo lo que tenía que escribir. Pero ya estaba cansada, su mano, temblorosa, arrugada, sin fuerza, no daba para más; los ojos, cada vez más débiles, le ardían, se levantó con las piernas tiesas, encorvada, y apoyándose de las paredes y muebles que encontró a su paso llegó hasta la caja, forrada de terciopelo, que la esperaba en medio de la pieza. Se acomodó en ella, cruzó los brazos sobre su pecho y cerró los ojos. Más tarde alguien de la familia prendió las cuatro velas.

Ana F. Aguilar
No. 48, Septiembre 1971
Tomo VIII – Año VIII
Pág. 331

La agonía

Un aturdimiento lo despierta. Abre los ojos. Es lo mismo de siempre. Siempre lo mismo. Siente su lecho. Mira hacia arriba y ve el techo bajar Como antes. Siente el piso subir. Como siempre. Es la insatisfacción, se dice. Y ve las paredes. Cuatro aún Como antes Cuatro de múltiples facetas. Pero hay una puerta. Su vida exterior es mediocre. No vale la pena. La puerta se abrió para dejarlo salir y se reabre para dejarlo entrar. Es lo mismo; el techo que baja y el piso que sube, cuatro paredes que se acercan. Duerme. Un sobresalto lo despierta. Todo igual. Cuatro paredes que se estrechan y dos planchas que se acercan. Es la soledad, se dice. La puerta es pequeña. Pero sale, y su vida mediocre retranscurre. La puerta se abre. Casi no cabe. Pero entra. Las paredes y las planchas se le acercan más aún. Como antes. Es el cansancio de la noche, se dice. Pesadilla. Despierta gritando. Se acercan más y más. Con dificultad logra salir Mediocre vida de perro. Entra, ayudado por la desesperación, dejando carnes y alma afuera, de tan chica que es la puerta. Toma el cráneo en sus manos, se recuesta y palpa el techo, el piso, una pared, otra, la otra y otra más. Son suaves. Es la agonía, se dice. Abandona la mente. Abandona la tierra. Abandona la vida. La tumba se cierra al fin.

Gilberto J. Signoret
No. 48, Septiembre 1971
Tomo VIII – Año VIII
Pág. 319

Nuevos conceptos

El novio melenudo y barbón, a la extrañamente púdica y dulce esposa: —¡Que te traes, Dorita! Esto es un timo, va contra mi pulcritud y mi moral. ¡Haberlo dicho a tiempo!

La esposa:

—¿…? ¡…!

El consorte:

—¡Que dirán los Carmona, los Kuri, los Riguini, los Zu… ¡Anticuada!
La joven, aún en el ara de su ablación, gime dolorida y avergonzada por su “Antigüedad”. Su madre la había cuidado tanto para aquellos momentos…

S. B. Garibay
No. 48, Septiembre 1971
Tomo VIII – Año VIII
Pág. 315