La agonía

Un aturdimiento lo despierta. Abre los ojos. Es lo mismo de siempre. Siempre lo mismo. Siente su lecho. Mira hacia arriba y ve el techo bajar Como antes. Siente el piso subir. Como siempre. Es la insatisfacción, se dice. Y ve las paredes. Cuatro aún Como antes Cuatro de múltiples facetas. Pero hay una puerta. Su vida exterior es mediocre. No vale la pena. La puerta se abrió para dejarlo salir y se reabre para dejarlo entrar. Es lo mismo; el techo que baja y el piso que sube, cuatro paredes que se acercan. Duerme. Un sobresalto lo despierta. Todo igual. Cuatro paredes que se estrechan y dos planchas que se acercan. Es la soledad, se dice. La puerta es pequeña. Pero sale, y su vida mediocre retranscurre. La puerta se abre. Casi no cabe. Pero entra. Las paredes y las planchas se le acercan más aún. Como antes. Es el cansancio de la noche, se dice. Pesadilla. Despierta gritando. Se acercan más y más. Con dificultad logra salir Mediocre vida de perro. Entra, ayudado por la desesperación, dejando carnes y alma afuera, de tan chica que es la puerta. Toma el cráneo en sus manos, se recuesta y palpa el techo, el piso, una pared, otra, la otra y otra más. Son suaves. Es la agonía, se dice. Abandona la mente. Abandona la tierra. Abandona la vida. La tumba se cierra al fin.

Gilberto J. Signoret
No. 48, Septiembre 1971
Tomo VIII – Año VIII
Pág. 319

Anuncios

Opina

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s