La enemiga


Al borde del sombrío lagunato, verde y viscoso, en aquel atardecer siniestro, descubrí de súbito un cadáver.

Era un cadáver de mujer, tenía las ropas negras pegadas al cuerpo, los cabellos sobre el rostro: estaba cubierta de fango y de hojas amarillas.

Me incliné sobre el cadáver, muda de asombro y disgusto: y me estremecí al descubrir que aquel cuerpo era el de la enemiga, la mil veces maldita, la odiada con toda el alma, y sin embargo más desgraciada que yo, bastante más desgraciada, puesto que estaba muerta a mis pies.

¡Dios mío! ¡Dios mío! —grité con una espantosa alegría de venganza— ¡Dios mío! Y extraje el cadáver del agua, le lavé el cieno y la sangre, le arranqué el sucio traje, cubrí de nenúfares y crisargirios el cuerpo desnudo, cerré los finos párpados, alisé los claros cabellos, dulcemente, mimosamente, con la ternura de una madre.

José Manuel Poveda
No. 92, 1984
Tomo XIV – Año XX
Pág. 523

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León Tolstoi

Lev Nikoláyevich Tolstói

Escritor y reformador ruso. Se le considera uno de los grandes de la literatura universal. Nació el 9 de septiembre de 1828 en la propiedad familiar de Yásnaia Poliana (sur de Moscú). Hijo del conde Nokolai Ilich terrateniente, y de María Nikolaievna, princesa Volkonskaia. Su primera infancia transcurrió en Yásnaia Poliana. En 1830 fallece su padre y cuando tenía nueve años, murió su madre. Los hermanos Tolstói fueron confiados a la tutela de dos tías paternas y en 1841 pasó a vivir con una de ellas en la ciudad de Kazán. Recibió educación de tutores franceses y alemanes y a los 16 años entra en la Universidad Kazán, donde cursó estudios de lenguas y leyes. En el año 1851 se incorpora al ejército y entra en contacto con los cosacos, que se convertirían en los protagonistas de una de sus mejores novelas cortas, Los cosacos (1863). Como militar, participó contra los guerrilleros tártaros en los límites del Cáucaso y en la guerra de Crimea, en 1853. Desde su juventud se esforzó por contribuir de manera práctica a la instrucción pública. La idea que inspiró su primer libro “Las cuatro épocas del desarrollo” es profundamente simbólica. En dicha obra se propuso describir el proceso de formación del carácter del hombre, desde los primeros años, cuando comienza la vida espiritual, hasta la juventud, cuando esa vida ha adquirido su forma definitiva. Concluyó una obra autobiográfica, Infancia en 1852, a la que siguieron otras dos, Adolescencia (1854) y Juventud (1856). Después aparece Sebastopol (1855-1856), tres historias basadas en la guerra de Crimea. Regresó a San Petersgburgo en 1856. Realiza viajes por el extranjero (en 1857 y 1861), visitando escuelas alemanas y francesas y, más adelante, en Yásnaia Poliana crea para sus campesinos escuelas y centros de trabajo. En 1862, se casó con Sofía Andréievna Bers, miembro de una culta familia de Moscú. Durante los siguientes quince años formó una extensa familia (tuvo quince hijos). Escribió sus dos novelas principales, Guerra y Paz (1865-1869) y Ana Karenina (1875-1877). Guerra y paz es un retablo de la vida rusa durante las guerras de Napoleón, siendo su obra maestra. Ana Karenina es una novela de costumbres de la sociedad rusa cuyo propósito moralizador no prevalece sobre su valor artístico. Alrededor de 1877 se convirtió al cristianismo. En Confesión (1882), se culpa de llevar una existencia vacía y autocomplaciente y emprende una larga búsqueda de valores morales y sociales. Escribe los ensayos Amo y criado (1894). En ¿Qué es el arte? (1898), realiza una condena de casi todas las formas de arte, y abogó por un arte inspirado en la moral, en el que el artista comunicara los sentimientos y la conciencia religiosa del pueblo. Escribe cuentos de carácter edificante, reunidos en el volumen Historias para el pueblo (1884-1885) y obras destinadas a lectores cultos, en las que se permite un mayor espacio para desarrollar su poderosa inventiva. La más conocida de estas obras es “La muerte de Iván Ilich” (1886). El cuento La sonata a Kreutzer (1889) trata de la educación sexual y el matrimonio; la obra teatral El poder y las tinieblas (1888) es una tragedia, y su última novela Resurrección (1899), es la historia de la regeneración moral de un noble hasta entonces falto de escrúpulos. Con 82 años, atormentado por la disparidad entre sus criterios morales y su riqueza material, y por las disputas con su mujer, que se oponía a deshacerse de sus posesiones, Tolstói, acompañado por su médico y la menor de sus hijas, se marchó de casa a escondidas en medio de la noche. Tres días más tarde, cayó enfermo de neumonía y, el 20 de noviembre de 1910, falleció en una estación de ferrocarril.[1]

Un millón de sandías


Resulta que dos negros estaban dormitando en las laderas del Mississippi.

Uno de los dos se desperezó, bostezó, suspiró y dijo:

—Cómo me gustaría tener un millón de sandías.

El otro negro preguntó:

—Rostus, si tuvieras un millón de sandías, ¿me darías la mitad?

—¡No!

—¿No? ¿No me darías un cuarto?

—No, no te daría un cuarto.

—Rostus, si tuvieras un millón de sandías, ¿no me darías diez sandías?

—No.

—¿No me darías ni siquiera una sandía? ¿A mí, que soy tu amigo?

—Mira, Sam, si tuviera un millón de sandías, no te daría siquiera una sola raja, una sola tajada de sandía.

—Pero, ¿por qué, Rostus?

—Porque eres demasiado perezoso para soñar por ti mismo.

Isidoro Blaisten
No. 92, 1984
Tomo XIV – Año XX
Pág. 510