Bastaría con abrir la puerta

Habiendo vagado siempre por el camino de la pertinaz cotidianidad, de pronto le invadió la certidumbre de que el final estaba cercano y que además era inevitable. Entonces, por primera vez en su caminar, se detuvo y contempló el horizonte. Pudo ver lo que anticipaba la proximidad de la obscuridad absoluta. Pudo escuchar el eco, que rebotaba de confín a confín, de las voces proferidas por las multitudes beligerantes que se disputaban la irrelevante prenda de la felicidad. Así, tratando de evitar verse engullido por aquel desatinado padecer colectivo, reunió los restos desperdigados de su energía sobrante y se adentró en las reconditeces de su propio ser. Intuyó que la única alternativa radicaba en rescatar aquello de lo que había sido despojado en el instante mismo de su concepción, pero fue tan grande el ímpetu de su deseo, que se olvidó de descifrar el verdadero significado de su búsqueda y se extravió en los múltiples senderos que tiene el retorno.

Todo esto sucedió en tiempo tan remoto que podría afirmar que está aconteciendo ahora. Por eso, si quisiéramos conocer al protagonista de esta historia, bastaría con abrir la puerta y dejarlo entrar, o tal vez permitirle salir.

Javier Barrientos G.
No. 92, 1984
Tomo XIV – Año XX
Pág. 532

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Gonzalo J. González Calzada

Gonzalo J. González Calzada

Nace en Villahermosa, Tabasco el 25 de diciembre de 1938. Es autor de “Mi cuento”; del libro de ensayos “La pluma en el blanco, reflexiones y otras cosas” de la Colección Ópera Prima coeditada en 1996 por la Sociedad de Escritores “Letras y Voces de Tabasco”, A.C. y el Fondo Estatal para la Cultura y las Artes de Tabasco (FECAT).

Es miembro fundador de la Sociedad de Escritores “Letras y Voces de Tabasco”, A.C. creada en 1987, de la cual ha sido presidente en tres ocasiones y actualmente coordina el Foro Cultural Independiente, A.C.[1]

Cuento

Nunca quise poner en el correo este cuento. No creo por ello que alguna vez lo reciban. Si así ocurriera, de seguro se tratará de un error administrativo. Seguido sufrimos de este tipo de errores. En verdad, nunca tuve la intención de que se conociera este cuento y menos que se diera a la publicidad. Repito, nunca quise enviárselo a nadie. Es más, no lo hice. Ni lo cuento.

Gonzalo J. González Calzada
No. 92, 1984
Tomo XIV – Año XX
Pág. 529

Víctor Manuel Cárdenas

Víctor Manuel Cárdenas

 

Historiador, pero ante todo, poeta. Víctor Manuel Cárdenas es voz  ineludible de la generación de los 50. En 1981 obtuvo el Premio Nacional de Poesía Joven de México y desde 1982 es miembro del consejo editorial de la revista Tierra Adentro (actualmente director de la misma); autor de libros como Después del blues (Punto de Partida, UNAM, 1983), Primer libro de las crónicas (Katún, 1983)  Peces y otras cicatrices (Colección Laberinto, UAM, 1984), Zona de tolerancia (Universidad de Colima, 1989), Ahora llegan aviones (Colección Los cincuenta, Conaculta,1995), Fiel a la tierra (Instituto Colimense de Cultura, 1995), Crónicas de Caxitlán (Toque de Poesía, 1996) y Poemas para no dejar el cigarro (Colección El ala del tigre, UNAM, 1999), entre otros, nos habla del nacimiento del poema como palabra primigenia que canta y forja el destino del hombre.[1]

Re/nacimiento


Es preciso olvidarnos de la rapidez y ponerle nombre a las cosas: tucán, albatros, garzota, pavorreal. El jardín construye sus alas a fuerza de sombra y luz mientras una niña cuida el agua y las plantas (No todo era así desde el principio, pero de hoy e adelante la parota siempre tendrá máscaras y ahí pondrán su nido los pericos). La niña creció viendo nacer el mar ola por ola hasta que un día la sangre bajó por su entrepierna y los dioses dijeron que sus pezones estaban de luna. Ella buscó un caleidoscopio para jugar y dejó de ser virgen a la tercera vuelta.

Víctor Manuel Cárdenas
No. 92, 1984
Tomo XIV – Año XX
Pág. 528