El hombre que forjó nuestras desgracias

No recuerdo si fue un día o una noche. Olía a ruda, a palmeras, a mar. Yo miraba hacia las chozas. Mis gentes descansaban y bebían agua de cocos. De pronto oí un chapoteo que venía desde muy dentro del mar, una masa gigantesca se bamboleaba. Pensé en los dominios, en Xibalbá, y en Mictlan; presumí el inicio de nuestras infinitas desdichas. ¡Cómo deseé que el vigía fuese ciego y retomara su camino! ¡Cómo deseé que el almirante fuese miope o cobarde y nunca hubiese pisado estas benditas tierras! Si no hubiera tocado tierra, yo no sería lo que ese cerdo taxista me acaba de gritar. No sería un hijo de la chingada.

Carlos Daniel Magaña Gracida
No. 80, Abril-Septiembre 1978
Tomo XII – Año XIII
Pág. 709

Anuncios

Opina

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s