La historia de Uno

Cuéntase que Uno le robó la mujer a Otro.

Cuéntase que Uno mudó de pueblo y se convirtió en un personaje prominente.

Cuéntase que Otro no vuelve a trabajar, que se pasa los años sentado sobre una banca —que no come ni duerme— sólo pensando en su odio y en su venganza.

Al fin un día se levanta, camina al pueblo donde Uno vive, alquila un local y pone un negocio en espera de su represalia. Llega el día en que Uno, atraído por la fama de Otro, acude en busca de sus servicios: se sienta en un cómodo sillón, empieza sentir la suavidad de las manos que tocan su piel, las toallas calientes cubriendo su cara, sólo se escucha el roce de la navaja sobre el asentador, suave, tranquila, con esa tranquilidad de la larga espera, de la satisfacción de la venganza. Otro le recarga la cabeza sobre la silla hasta que queda fuerte y segura; sujeta con su mano la barba, desliza la navaja hacia arriba, de lado, al centro:

No se escuchó ningún lamento.

Martha Figueroa
No. 80, Abril-Septiembre 1978
Tomo XII – Año XIII
Pág. 751

Martha Figueroa de Dueñas
No. 92, 1984
Tomo XIV – Año XX
Pág. 499

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