No tengo problemas sicológicos

Mi amigo Estanislao toma muy en serio su trabajo de sicoterapista; siempre anda en busca de las desviaciones mentales de todo el mundo, especialmente las de sus amigos. Bondadoso como siempre, ya me ofreció su ayuda para resolver mis “problemas sicológicos”.

—¿Pero cuáles problemas sicológicos? —le pregunté. —si yo no tengo ninguno.

Pero Estanislao insiste; se empeña en que yo he de tener algún problema oculto. Como no quiero ofenderlo, para seguirle la corriente le voy a confesar que estoy apasionadamente enamorado de una joven y esbelta yegua, y que mi problema es que siento ansiedad por no saber si mi amor es correspondido. Y también que al entrar en la casa me siento compelido a dar nueve vueltas en redondo y tocar la perilla de la puerta con la punta de la nariz.

No crea que todo esto sea cierto; claro que estoy exagerando para seguirle la corriente a mi amigo Estanislao. En realidad, no doy más de cinco vueltas y la yegua no es tan joven.

Ramón González
No 79, Septiembre 1977-Marzo 1978
Tomo XII – Año XIII
Pág. 651

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El sueño

Durante toda su vida le acompañó el mismo sueño. Se soñaba en la azotea de un alto edificio, subía a la cornisa y se arrojaba al vacío. La sensación de caída le proporcionaba un placer doloroso, pero invariablemente, antes de estrellarse contra el pavimento despertaba. Sin embargo, una noche no despertó a tiempo y se estrelló.

Cuando los ambulantes recogieron su cuerpo, ni siquiera se dieron cuenta de que todo era un sueño.

Héctor Canales G.
No 79, Septiembre 1977-Marzo 1978
Tomo XII – Año XIII
Pág. 647

El brindis


—Señores, es realmente lindo. También sé que es emotivo. Sí, amigos, quiero decirles que sí, quiero decirles que hoy puedo decirles a ustedes: sí, amigos, he crecido por qué. Porque me siento realizado, porque realmente he comenzado a latir con mi propio pulso, o sea, que, es decir, he tomado conciencia, esto es, he tomado conciencia, he concientizado. Me asumí. ¿Vieron? He concientizado las potencias yoicas. ¿Viste? Asumir la realidad, amigos. Tal cual. Lo que corresponde. Se terminó para mí el abismo generacional, la confusión, el estar mal instalado en la vida. Por eso, amigos míos, mis queridos amigos, levanto mi copa, hoy, al cumplir ochenta y tres años.

Isidoro Blastein
No 79, Septiembre 1977-Marzo 1978
Tomo XII – Año XIII
Pág. 643

La fuente de la eterna juventud


Y cuentan que don Gonzalo Fernández de Vivar y Montero, durante la conquista, buscó afanosamente por estas tierras la fuente de la eterna juventud. En medio de los pantanos, en la selva, en los páramos, registró el aire, oteó el lugar donde nacen las aguas, investigó de boca en boca las viejas leyendas. En su caballo pinto vagó muchos años por esos lugares hasta que un día percibió un pequeño cambio: algo así como un anuncio, como un signo. Una transformación del aire, del color de los árboles, del olor del agua. Avanzó hasta un claro del bosque y presenció un espectáculo que lo dejo maravillado. Un tigre, corpulento y feroz, rugido manchadoanaranjado, las garras poderosas y fuertes, el ojo girando, buscando el colmillo dónde hincar y destrozar, frente al enemigo que lo esperaba sereno con un algo de quietud en el cuerpo. El tigre gigantesco dio un salto en el aire, rugió, cayó levantando la hojarasca, viró presto a continuar el ataque, hasta que sintió el feroz golpe, la mortal desgarradura, la sangrienta herida en el vientre. La libélula había hecho presa de él, le había dado el golpe mortal y el tigre empezó a morir bajo la vibradora luz de sus alas. Don Gonzalo acarició su barba de 95 años de longitud, espoleó su caballo y penetró en la floresta húmeda. Y aquel día de gracia de San Martín, en medio de frescas hierbas, con pájaros dorados dando vueltas de carnero en el césped, con roedores de ojos plateados durmiendo la siesta en sus orillas, encontró la fuente de la eterna juventud. Bajó de su caballo pinto y, tembloroso, hincó la rodilla en tierra, declarando esa fuente propiedad de Fernando e Isabel de Castilla, sacó de su armadura el gran escapulario obsequio del Papa, penetró en la fuente, avanzó mientras entonaba cantos de alabanza a Dios y a María Santísima y murió ahogado en las turbulentas aguas.

Jairo Aníbal Niño
No 79, Septiembre 1977-Marzo 1978
Tomo XII – Año XIII
Pág. 641

Mensaje

Ante la vista de todos brincó adentro del charco, y lo último que se vio de él fue una burbujita que al estallar dijo: “No vale la pena, es igual que allá, sólo que volteado al revés”.

Raúl Aceves Lozano
No 79, Septiembre 1977-Marzo 1978
Tomo XII – Año XIII
Pág. 639

Sharik


En nuestro patio un chico tiene encadenado a su perrito, Sharik. Lo tiene así desde que era un cachorrito. Una vez fui a llevarle huesos de caldo humeantes y aromáticos, pero justo en ese momento el chico soltó al pobrecito.

La nieve en el patio es copiosa y blanca. Sharik, lleno de júbilo, da vueltas por el patio, salta como una liebre, el hocico lleno de nieve; corre por todos los rincones, del uno al otro… Se me aproxima, todo velludo, salta alrededor de mí, huele los huesos y vuelve a correr.

“No necesito yo sus huesos… denme solamente la libertad”.

Alejandro Solyenitzin
No 79, Septiembre 1977-Marzo 1978
Tomo XII – Año XIII
Pág. 633

El de damas, el de caballeros, el de ajedrez


Ella: Pero al final, qué querés, ¿algo perfecto como el ajedrez?

Él: El ajedrez no es perfecto.

Ella: ¿Por qué no es perfecto?

Él: Porque las mujeres no lo juegan.

Ella: ¿Por qué las mujeres no lo juegan?

Él: Porque no es perfecto.

Isidoro Blastein
No 79, Septiembre 1977-Marzo 1978
Tomo XII – Año XIII
Pág. 631

Un día de estos

Diariamente desfilan frente a mí centenares de personas, de nacionalidades diversas, que ocultan su hipocresía, egoísmo y maldad detrás de sus antejos y cámaras fotográficas.

Es un desfile interminable de seres que vienen a verme como una rara y curiosa pieza de museo. Pocos son los que me conocen en realidad, los que sienten el mensaje que mi gesto y actitud transmiten, y para ellos —a veces— cambio mi dureza por una sonrisa. Las luces de flashes y reflectores me caen como fuego; me toman desde diversos ángulos, me estudian detenidamente con curiosidad malsana. Gracias a que estoy tras una barrera protectora, me salvo de las manos que quisieran tocarme, palpar mi enmarañada barba, mi rostro duro, mis nervudos brazos, las venas de mis manos o los pliegues de mi túnica.

Los siglos han ido acumulándose sobre mi marmóreo cuerpo; mis músculos tensos no aguantan más; esta túnica me pesa inmensamente, cargada de polvo centenario, y a veces siento que mi cuerpo cruje, como queriendo realizar el movimiento que mi actitud promete…

Quizás no espere más. Un día, cansado de este desfile de autómatas que vienen a verme, mis piernas se alzarán, mis ojos cobrarán vida, toda mi musculatura desfogará la fuerza que contiene… y arrojaré las tablas de la ley, las de los Diez Mandamientos que —gracias a un escultor genial llamado Miguel Ángel— sostengo desde hace cuatro siglos. Las arrojaré sobre éstos que no las han respetado ni se acuerdan de ellas.

Y cuando esto suceda, yo seré solamente trozos de mármol; fotografías y dibujos de lo que fui: la estatua perfecta e imponente esculpida por un genio. Y quien quiera encontrarme o saber de mí, tendrá que buscar el nombre de MOISÉS en el capítulo del Éxodo, entre las páginas del Antiguo Testamento.

Salvador Herrera García
No 79, Septiembre 1977-Marzo 1978
Tomo XII – Año XIII
Pág. 629

El paraíso

Yo estuve en el paraíso. Ahí, todos los deseos se cumplían. El lugar era hermoso y el clima perfecto. Nada turbaba la tranquilidad. No se podía discutir con nadie ni poseer una sola mujer. (Ni siquiera estaba permitido gritar.) Me pasaba los días en una modorra continua. Era tan aburrido, que solicité mi traslado al infierno… y aquí estoy de nuevo.

Héctor Canales G.
No 79, Septiembre 1977-Marzo 1978
Tomo XII – Año XIII
Pág. 625

Julio Torri

Julio Torri

Nació en la ciudad de Saltillo (estado de Coahuila) el 27 de junio de 1889 y murió en la ciudad de México el 11 de mayo de 1970.

Hizo sus primeros estudios en su ciudad natal, en el Colegio Torreón y en el Ateneo Fuente.

En 1908 se trasladó a la ciudad de México para seguir la carrera de abogado, y en 1913 se graduó enla Escuela Nacionalde Leyes.

En 1909, con un grupo de escritores y pensadores —entre los que figuraban el dominicano Pedro Henríquez Ureña, José Vasconcelos, Antonio Caso, Alfonso Reyes y otros— fundó el Ateneo de la Juventud. De 1916 a 1923 dirigió con Agustín Loera Chávez la colección de los cuadernos “Cultura”, de los que escribió algunos de los prólogos.

Al ocupar José Vasconcelos la Secretaríade Educación Pública, fue fundador y jefe del Departamento de Bibliotecas, y después director del Departamento Editorial, que publicó la bien conocida colección de autores clásicos universales. Secretario de la Embajada de México al centenario de la independencia del Brasil (1922), presidida por José Vasconcelos, y de la transmisión del mando presidencial de la Argentina(1923).

Fue profesor, principalmente de literatura española, en la Escuela Nacional Preparatoria (durante 36 años) y en la Facultadde Filosofía y Letras hasta 1964, y el más antiguo profesor de tiempo completo. En 1933 se doctoró en Letras en la Universidad Nacional Autónoma de México.

De su primer libro, Ensayos y poemas (1917, reeditado en 1938), hay versión al inglés (1938), y del segundo, De fusilamientos (1940), al alemán.

Miembro Correspondiente de la Academia Mexicanade la Lengua el 14 de enero de 1942, y de Número el 11 de julio de 1952, pronunció su discurso de ingreso el 21 de noviembre de 1953, sobre La “Revista Moderna de México”. En ese mismo año fue nombrado profesor emérito de la Universidad. Fue durante varios años profesor en los Cursos de Verano de la Universidad Nacional de México, y asistió en dos ocasiones como profesor visitante a los organizados en San Antonio (E.U.A.) por la Universidadde Texas. Perteneció a esa clase de escritores refinados que desprecian todas las formas de literatura superficial y farragosa, y que se rebelan contra lo que puede considerarse como un abuso de la palabra. Sus amigos de juventud y sus compañeros de escuela lo recordaban como humorista malicioso y travieso, y esta nota no desaparece nunca de sus escritos. Gustaba de la brevedad y quintaesencia. Excelente prosista, de las formas literarias escogió las más breves: el poema en prosa, el ensayo corto, los pensamientos, las máximas, las reflexiones agudas. En el poema en prosa siguió las dos corrientes principales del género. Una, cuyo maestro es Baudelaire, de naturaleza poética, como los que tituló Circe y La balada de las hojas más altas, y la otra pintoresca, descriptiva y de fino dibujo, cuya inspiración principal la encontró en el volumen Gaspard de la nuit de Aloysius Bertrand. De este último género son sus Fantasías mexicanas y Vieja estampa, de ambiente virreinal -que imitó Genaro Estrada en su Visionario de la Nueva España (1921)- y El raptor y La feria, de sabor nacionalista y popular. Sus ensayos son siempre breves y oponen -con elegancia, ingenio e ironía- ideas originales y con frecuencia paradójicas. Sus principales modelos eran escritores ingleses, especialmente Robert Louis Stevenson y Charles Lamb. Entre sus mejores ensayos pueden citarse En elogio del espíritu de contradicción y La oposición del temperamento oratorio y el artístico. Una vez terminados sus estudios profesionales, fue toda su vida profesor de literatura española en la Facultadde Filosofía y Letras; recorrió varias veces los programas de esa asignatura, desde la producción medieval hasta los escritores del siglo XX. Este constante contacto con el tema le permitió redactar un magnífico resumen de La literatura española (1952 y ediciones posteriores) de la colección de Breviarios del Fondo de Cultura Económica. Excelente manual de estilo limpio y elegante, de juicio seguro y de sólida erudición. En 1964 reunió en un volumen -titulado Tres libros- toda su obra original: Ensayos y poemas, De fusilamientos-ya publicados antes- y uno inédito: Prosas dispersas, que, entre otras páginas interesantes, contiene algunos recuerdos de sus compañeros del Ateneo de la Juventud. Tradujo al español Las noches florentinas de Heine (1918) y los Discursos sobre las pasiones del amor de Pascal (1942).[1]

Xenias


Una vez hubo un hombre que escribía acerca de todas las cosas; nada en el universo escapó a su terrible pluma, ni los rumbos de la rosa náutica y la vocación de los jóvenes, ni las edades del hombre y las estaciones del año, ni las manchas del sol y el vapor de la irreverencia en la crítica literaria.

Su vida giró alrededor de este pensamiento: “Cuando muera se dirá que fui un genio, que puede escribir sobre todas las cosas. Se me citará —como a Goethe mismo— a propósito de todos los asuntos.”
Sin embargo, en sus funerales —que no fueron por cierto un brillante éxito social— nadie le comparó con Goethe. Hay además en su epitafio dos fallas de ortografía.

Julio Torri
No 79, Septiembre 1977-Marzo 1978
Tomo XII – Año XIII
Pág. 623

El asesino

Soy un asesino. Tal vez les aterrorice el absoluto cinismo con que lo confieso, pero en realidad, me gusta mucho mi profesión, y hasta puedo decir que la disfruto mucho. Me gusta hacerlo lentamente, perseguir a mi víctima, asediarla, acorralarla hasta un final en que sólo quedara uno de nosotros, y ese seré yo. Ahora mismo, lo estoy haciendo. Lo tengo atrapado y tengo cubierta la única salida. Y él lo sabe. Está cansado de la larga persecución que le he impuesto, y ya no puede sostenerme el paso. Lo tengo acabado. Este ha sido un magnífico trabajo. Unos momentos más, y habré ganado la bolsa que me tengo merecida por esta exquisitez. Ahora silencio… se está moviendo, pero lo tengo al alcance. Trata de escapar, pero doy mate con una magistral jugada de caballo.

Salvador Virgen
No 79, Septiembre 1977-Marzo 1978
Tomo XII – Año XIII
Pág. 621

Cameramen

Sentados a la mesa, en la terraza, Helmut y Jack contemplan el mar y conversan. Helmut le muestra una foto y mientras Jack observa, Helmut evoca… Recuerda a Helmut, el nazi, arrastrándose penosamente sobre la quemante arena del Sahara. La sed le agobia; el sudor y la fatiga han tendido un velo translúcido sobre sus ojos; a través de él cree ver unas vagas sombras verdes. Se frota los ojos y entonces puede contemplar aquel hermoso oasis: la cristalina laguna parece dormir bajo la fresca sombra de las palmeras. Es el oasis más hermoso que ha visto en su vida. El hábito le hace enfocar la pequeña cámara y lo imprime. Después da un paso hacia el oasis. Otro paso. Uno más y cierra un momento sus extenuados ojos. El oasis aprovecha aquel parpadeo para evaporarse y el infeliz Helmut se queda nuevamente desamparado en medio de aquel infernal desierto. Horas después, la patrulla del inglés Jack lo encuentra, moribundo. Lo arresta y le salva la vida.

Ocho años después, Helmut y Jack —excelentes amigos—, observan la pequeña foto.

—¡Pero era un espejismo…!

—Seguro, Jack… seguro —murmura Helmut.

Amós Torres Bustos
No 79, Septiembre 1977-Marzo 1978
Tomo XII – Año XIII
Pág. 617

José María Méndez

José María Méndez(1916-VVVV)

Narrador, ensayista y jurista salvadoreño, nacido en Santa Ana el 23 de septiembre de 1916. Su brillante trayectoria en el campo de las Leyes (jalonada de honores y reconocimientos desde sus estudios universitarios, pasando por el ejercicio de la docencia, y culminada en el desempeño de numerosos cargos oficiales al servicio de la Administraciónde su país), le llevó a ser condecorado con el Premio Nacional de Cultura en 1979. Al mismo tiempo, su dedicación al cultivo de las letras lo sitúa entre los maestros hispanoamericanos de la narrativa breve contemporánea.

Pronto se vio que la innata vocación humanística de José María Méndez habría de configurar una de las ejecutorias intelectuales más relevantes de todo el vasto ámbito geo-cultural centroamericano, ya que en 1936 fue galardonado por haber sido el alumno más brillante de su facultad, y cuatro años más tarde triunfó con una espléndida monografía jurídica que, ampliamente difundida por toda Hispanoamérica, le valió una nueva condecoración otorgada por la Universidad de El Salvador. A dicha obra, titulada El cuerpo del delito (1940), le siguió un año después su aplaudida tesis doctoral (La confesión en materia penal), que se hizo acreedora de la medalla de oro concedida por la susodicha Alma Mater.

Así, de forma tan precoz como rutilante, dio comienzo una dilatada andadura jurídica que permitió a José María Méndez ocupar una Cátedra de su especialidad, ser nombrado Fiscal en dos ocasiones, alcanzar los puestos de Vice-Rector y Rector de la Universidad de El Salvador, y ocupar la Presidencia y Vicepresidencia de la Comisiónde Defensa de la Autonomía Universitaria, corporación dependiente de la Uniónde Universidades de América Latina (UDUAL). Además, el escritor de Santa Ana fue honrado con el título de “Abogado del Año” en 1984 (distinción concedida por la Asociaciónde Abogados de El Salvador), y con el nombramiento de “Jurisconsulto más brillante del siglo” en 1993 (reconocimiento otorgado por el Instituto de Estudios Jurídicos de El Salvador). Entre otros muchos premios, honores y condecoraciones, José María Méndez fue también investido, en 1997, Doctor Honoris Causa porla Universidad Tecnológica de su país. A la luz de todos estos cargos, méritos y galardones, no es de extrañar que haya ejercido como Magistrado de la Sala de lo Penal de la Corte Suprema de Justicia de El Salvador entre los años de 1994 y 1997.

Con todo, desde el punto de vista intelectual todos estos honores cosechados en el terreno de las Leyes palidecen al lado de su importancia como creador literario, ya que fue declarado Maestre de la narrativa centroamericana tras haber obtenido en tres ocasiones (1970, 1973 y 1976) el primer premio en los Juegos Florales de Quezaltenango (Guatemala), siempre en su modalidad de cuento. Previamente, José María Méndez ya se había adentrado con fuerza en los círculos literarios de su entorno merced a su libro de relatos titulado Tres mujeres al cuadrado (1962), que fue honrado con el segundo premio en el Certamen Nacional de Cultura convocado en dicho año.

El resto de su producción literaria queda configurado por los títulos siguientes: Disparatario (1957), Flirteando (1969), Espejo del Tiempo (1974), Tiempo irredimible (1977), Cuentos del alfabeto (1992), Diccionario personal (1992), Tres consejos (1994), Antología definitiva (1995), Juegos peligrosos y otros cuentos (1996), 80 a los 78. Cuentos de Chema Méndez (1996), La pena de muerte: un ensayo, tres cuentos y una addenda (1997) y Las mormonas y otros cuentos (1997).

Pero la relación de sus escritos no ha de quedar reducida a esta nómina de títulos, ya que, en medio de una asombrosa lucidez y fecundidad creativa, impropia de un hombre que ya ha pasado los ochenta años de edad, José María Méndez continúa embarcado en numerosos proyectos literarios, algunos de ellos ya a punto de convertirse en letra impresa. Entre ellos, sobresalen la redacción de sus memorias, que saldrán bajo el título de Aunque parezca una novela; la Historia constitucional de El Salvador; la biografía de su padre, el ilustre jurista Antonio Rafael Méndez, que verá la luz bajo el epígrafe de Perfil de un magistrado; y una muestra antológica de su poesía, que saldrá de los tórculos bajo el marbete de Flor de ingenio.

Naturalmente, en medio de todos estos títulos venideros siguen creciendo en la imaginación de Méndez algunos de esos relatos que le han convertido en uno de los maestros indiscutibles de la narrativa breve escrita en lengua castellana. Basta un somero repaso de la relación de títulos expuesta más arriba para advertir su preferencia por el cultivo de este dificilísimo género literario, en el que ha sido capaz de alcanzar algunos logros tan aplaudidos como el de Cuentos del alfabeto, consistente en una colección de relatos escritos, cada uno de ellos, con una sola letra del abecedario.

Como casi todos los grandes escritores de su nación, José María Méndez alternó su cultivo de la creación literaria con una constante presencia en los principales medios de comunicación salvadoreños. Así, fue redactor y, posteriormente, director del famoso rotativo Patria Nueva, donde vertió numerosos artículos satíricos que, tras una esmerada selección, vieron luego la luz en uno de los volúmenes citados en un parágrafo anterior (Flirteando). Lógicamente, esta fecunda actividad literaria y periodística llevó al escritor de Santa Ana a ocupar un puesto distinguido en las más variadas instituciones culturales de su patria, como la Academia Salvadoreña de la Lengua y el Ateneo de El Salvador; e, igualmente, fue nombrado miembro de numerosas corporaciones internacionales.[1]

 


[1]http://www.mcnbiografias.com/app-bio/do/show?key=mendez-jose-maria                           

Las moscas


Yo siempre odié las moscas, el cosquilleo que hacen al posarse sobre la frente o sobre la calva —transcurridos los años la pista de aterrizaje se confunde— el ruido como de pequeños aviones cuando zumban por las orejas. Las odio más ahora que se posan en mis ojos que ya no puedo cerrar, que se me meten en el hueco de mi nariz cuando ya no puedo manotear para espantarlas. Es verdaderamente horrible conservar esta breve lucidez posterior a la muerte, estar tendido cara al sol sobre la propia sangre, sobre el rifle que pocos momentos antes llevábamos al hombro y no pudimos usar, porque caímos en la emboscada.

José María Méndez
No 79, Septiembre 1977-Marzo 1978
Tomo XII – Año XIII
Pág. 616

¿Sería fantasma?


Al caer de la tarde, dos desconocidos se encuentran en los oscuros corredores de una galería de cuadros. Con un ligero escalofrío, uno de ellos dijo:

—Este lugar es siniestro. ¿Usted cree en fantasmas?

—Yo no —respondió el otro—. ¿Y usted?

—Yo sí —dijo el primero y desapareció.

George Loring Frost (Memorabilia l923)
No 79, Septiembre 1977-Marzo 1978
Tomo XII – Año XIII
Pág. 613

Voltaire

Voltaire.

(1694-1778)

Seudónimo de François-Marie Arouet, poeta, dramaturgo y filósofo francés, nacido en París, símbolo de la Ilustración. A los diez años ingresa en el colegio de los jesuitas de Louis-le-Grand, donde recibe una educación preferentemente literaria y en 1711 inicia los estudios de derecho, que no va a terminar nunca. Su  interés está en  mundo de las letras.

Acusado de haber escrito un poema difamatorio contra el Regente  sufre el primero de sus destierros y ha de abandonar París. De regreso a París y tras exculparse, se le atribuyen nuevos escritos difamatorios y es enviado a La Bastilla en 1717. Durante los 11 meses que permanece allí, toma el nombre de «Voltaire», anagrama de «Arouet Le Jeune».

En 1718 se representa en la Comédie Française su tragedia en verso, Edipo, que logra un gran éxito. Asuntos de honor con un noble le llevan de nuevo a La Bastilla en 1726; de allí sale exiliado hacia Inglaterra, donde permanece tres años. El contacto con la cultura inglesa supone para Voltaire el descubrimiento de la ciencia newtoniana, de la filosofía empirista y de las instituciones políticas inglesas.

Sus éxitos literarios se sucedieron unos a otros:La Henriada(1727), poemas, Bruto, Zaira, tragedias, Historia de Carlos XII, ensayo histórico y una de sus obras más perdurables, Cartas filosóficas (1734). La aparición de esta obra supuso un escándalo público; las Cartas fueron quemadas públicamente y su autor, amenazado de arresto, tuvo que huir.

El refugio a que se acoge Voltaire es el castillo de la marquesa de Chatêlet, en Cirey, a quien se une sentimentalmente durante los dieciséis años siguientes. Durante esta época relativamente tranquila y fructífera -construyen en el castillo un laboratorio de física y química, comparten estudios de matemáticas e historia, se reúnen con científicos y personas de relieve- publica, aparte de diversas tragedias, Elementos de la filosofía de Newton (1737), Metafísica de Newton (1740), y es nombrado miembro dela Academia Francesaen 1746.

Tras la muerte de Mme. de Chatêlet, Voltaire, invitado por Federico de Prusia, parte para Berlín, donde es nombrado chambelán de la corte y goza de aposentos en los palacios reales. De esta época es la importante obra El siglo de Luis XIV (1751). Deja Prusia, tras una riña con su antiguo amigo y entonces competidor en la fama, Pierre-Louis Moreau de Maupertuis  y se traslada a Francfort y luego a las inmediaciones de Ginebra (1754-1755). Aprovecha el desasosiego causado por el terremoto de Lisboa de 1755 para publicar Poema sobre el desastre de Lisboa, inicia sus colaboraciones con la Enciclopedia, y publica los siete volúmenes de Ensayos sobre la historia general y sobre las costumbres y el espíritu de las naciones (1756) e Historia del imperio de Rusia bajo Pedro el Grande (1759).

 En 1758 compra una finca en Ferney, en la Lorena, y se instala allí definitivamente. En 1759 aparece Cándido, o el optimismo, poema en que prosigue la línea de crítica al optimismo leibniciano y de creencia en la providencia divina. Poco después, aprovechando el éxito logrado con sus esfuerzos por reivindicar la memoria de Calas, hugonote quemado bajo la acusación de ahorcar a uno de sus hijos convertido al catolicismo, publica  Tratado sobre la tolerancia. Durante esta época discute repetidas veces con Rousseau, el cual le culpaba de la mala disposición que las autoridades religiosas de Ginebra le mostraban.

En estos años comienza su lucha constante contra la Iglesia católica, en la que personifica su odio a la religión, mientras se confiesa creyente en un Ser supremo y nunca ateo.  Aparecen sucesivamente diversas obras de contenido filosófico: El diccionario filosófico de bolsillo (1764), Filosofía de la historia (1765), El filósofo ignorante y Comentario al libro sobre delitos y penas de Beccaria (ambos en 1766).

A pesar de todos sus éxitos filosóficos y literarios, a Voltaire le estaba prohibido todavía acercarse a París. Tras subir al trono Luis XVI, aprovechó la representación en la Comédie Française de su tragedia, Irene, para acudir a la capital. El éxito personal de Voltaire en París fue clamoroso.La Academia Francesaen pleno, reunida entonces en el Louvre, le rinde tributo de admiración y respeto y d´Alembert hace su elogio público.

Murió el 30 de mayo y fue sepultado en el monasterio benedictino de Scellières, cerca de Troyes. Posteriormente fue trasladado en triunfo al Panteón de Hombres Ilustres, en París[1].

 

El que está escondido y espera


El que está escondido y espera asoma su rostro macilento, cansino, no precisamente estragado, pero más bien cetrino, o por qué no olivaceo, aunque podría ser también aceitunado, que asimismo puede decirse. Aunque se dicen tantas cosas. Siempre hagas lo que hagas te van a criticar. Te la van a dar con todo. La gente es mala. Retomo el hilo. Estábamos en que asoma su rostro macilento por detrás del biombo. Entonces el biombo se cae. Al caerse se caen también todas las flores pintadas en el biombo, todos los pájaros, todos lo lotos, todos los japoneses.

Es entonces, en ese preciso instante, cuando todos los tintoreros abandonan a la sanfasón todos los pantalones en las planchas y corren, corren y corriendo a alcanzar todas las flores, todos los pájaros, todos los lotos.

Entonces, el que está escondido y espera se da cuenta de que ya no está escondido puesto que el biombo no está ya entonces se dice a sí mismo “que espero”. Y entonces va, abre la puerta y corre detrás de las flores, detrás de los pájaros, detrás de los lotos.

Isidoro Blastein
No 79, Septiembre 1977-Marzo 1978
Tomo XII – Año XIII
Pág. 603

Rafael Menjívar Ochoa

Rafael Menjívar Ochoa

(San Salvador, 17 de agosto de 1959 – 27 de abril de 2011)

 Fue un escritor, periodista, traductor salvadoreño. Su padre, el economista Rafael Menjívar Larín, era rector de la Universidad de El Salvador cuando el ejército la ocupó en 1972 y lo exilió hacia Nicaragua. El resto de la familia abandonó el país en enero de 1973 hacia Costa Rica, donde se reunió con el padre. En 1976 se instalaron en México, donde Menjívar Ochoa vivió durante veintitrés años. Estudió música, teatro y letras inglesas.

En 1999 se instaló en El Salvador, donde en 2001 se convirtió en Coordinador de Letras (director de literatura) y en 2001 fundó La Casa del Escritor, proyecto para la formación de escritores jóvenes, ubicado en la que fuera casa de Salvador Salazar Arrué (Salarrué). Pertenece a la llamada “Generación del Cinismo” o “Generación del Desencanto”, junto con Horacio Castellanos Moya, Jacinta Escudos y Miguel Huezo Mixco, entre otros que comenzaron su producción literaria en la época de la guerra. Fue compañero de vida de la poeta salvadoreña Krisma Mancía.[1]

Raúl Aceves Lozano

Raúl Aceves Lozano 

Nació en Guadalajara el 9 de Diciembre de 1951, estudió la licenciatura en Psicología en el ITESO (1971-75) y después de ejercer su profesión durante diez años, entro a laborar al Centro de Estudios Literarios de la Universidad de Guadalajara en 1988 (Actual Departamento de Estudios Literarios) como profesor-investigador de tiempo completo, donde sigue hasta el presente. Ha publicado más de 30 obras entre poesía, ensayo, aforismo y antología.[1]

Nací en Guadalajara el 9 de diciembre de 1951. Soy soltero; tengo cuatro hermanos, dos hermanas, doce sobrinos y nueve ahijados; ocho tíos paternos, seis tíos maternos y un montón de primos. Mi papá es oriundo de Tepatitlán, especialista en dermatología (miembro de la Academia Nacional de Medicina) y muy conocedor de la historia de México, y mi mamá es del barrio del Santuario, especialista en el oficio de madre y en repostería. Estudié con los jesuitas la primaria, secundaria y preparatoria.

 Terminé la carrera de Psicología en el ITESO en 1975 y la ejercí durante diez años, hasta que descubrí otra vocación alternativa.

 En 1982 publiqué mi primer poemario, Cielo de las cosas devueltas, y en 1988 entré a laborar al Centro de Estudios Literarios dela UdeG, donde sigo hasta la fecha, dando clases en la maestría en literaturas del siglo XX, haciendo investigación y redactando ensayos sobre temas de poética y poesía hispanoamericana e indígena, aforismos y otras cuestiones, dando asesorías y lecturas públicas, actuando como jurado en certámenes literarios, traduciendo poemas, y desarrollando al mismo tiempo mi labor creativa como poeta y escritor de aforismos, minificciones, periquetes y otro tipo de minimalia literaria. Entre mis aficiones se cuentan la filatelia y la cartofilia, el cine, la música, la lectura, las caminatas, el esoterismo, el excursionismo, el periquetismo, el tallado en madera, los collages, las reuniones de café con los amigos, los temazcales, etc. Una vez estuve en riesgo de morir, en el Iztaccíhuatl, en 1968, y eso me dejó un nuevo sentido de la vida y la marca de las congeladuras sufridas. Soy un creyente buscador dela Verdad, dondequiera que se encuentre. El resto de mi vida se los platico después. Gracias.

Libros de poemas: Cielo de las cosas devueltas, Guadalajara, Cuaderno Breve, l982. Expedición al Ser, Guadalajara, Conexión Gráfica, l989. Las arpas del relámpago, Guadalajara, Departamento de Bellas Artes de Jalisco, l990. La torre del jardín de los símbolos, Zacatecas, Praxis-Dosfilos, l990. Lotería del milagro, Guadalajara, Pato Anacoreta, l996. Dislocaciones y travesías, Guadalajara, ITESO, l997. Caja de islas, México, DF, Conaculta-Instituto Veracruzano de Cultura, l999. Oficios mexicanos, Guadalajara, Conexión Gráfica, 2000. La mirada del camaleón, Guadalajara, Ediciones Arlequín, 2002.[2]