Salir de aquí

Con la cabeza entre las manos, acodado en la mesa, dijo en voz muy baja salir de aquí. Dijo salir de aquí en voz alta y cuando lo repitió gritando acató bruscamente sus palabras. Salió de la casa corriendo, atravesó corriendo el pueblo cuyas paredes lentamente se hacían blancas en el lento amanecer. Dejó atrás la última casa pintada de cal brillante. Siguió corriendo por el camino polvoso que divide los monótonos trigales. No respondió al saludo del campesino que lo llamó primero por su nombre y luego por el apellido de su antigua familia. Llegó jadeando a orillas del monte, pero ni entonces se detuvo. El sol mordisqueó su espalda durante el fatigoso ascenso. Alcanzó el pico al mediodía y contemplando las otras cimas rocosas sintió que aquel silencio hacía surgir su rabia. Gritó salir de aquí. Lo gritó tres, cuatro veces, mientras escuchaba rebotar de roca en roca: salir de aquí… salir de aquí…, salir… de aquí salir… de aquí.

Sabina Berman
No. 80, Abril-Septiembre 1978
Tomo XII – Año XIII
Pág. 784

Opina

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s