Armónicos disonantes

Dos hermanos, perfectamente gemelos, pasaron del tedio a la densa confusión en que vivían al odio por el extraordinario parecido del que eran accidentales víctimas cromosómicas. Llegaron al extremo de increparse por el espacio que cada uno ocupaba, por enrarecer el aire al respirar o por gastar a los objetos con la mirada. Sin más diferencia que la de sus nombres, un día determinaron anularla en un acto de suicidio que jugaron a la suerte. A la postre nadie supo ni siquiera el sobreviviente, cual de los dos había sido el muerto.

Roberto Bañuelas
No 95, Noviembre-Diciembre 1985
Tomo XV – Año XXI
Pág. 48

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