La carta


Entre todas las cartas que llegaron aquel día había una que no quise abrir.

Así ha quedado.

La carta envejece y he de alimentarla.

La lavo, la coso, la plancho, la afeito. Discutimos. A veces he de amarla. Nos abrazamos enternecedoramente.

No es un símbolo pero parece que el tiempo pasa más de prisa para ella. Algún día me complaceré en asesinarla.

A. F. Molina
No 70, Julio-Diciembre 1975
Tomo XI – Año XI
Pág. 416

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