Equivocación


Aquella mujer me la enviaron equivocada, pero cuando terminé de desenvolverla había deteriorado el envoltorio y ya decidí quedármela. La dejé colgada del trinchero y allí no me molesta.

A. F. Molina
No 101, Enero-Marzo 1987
Tomo XVI – Año XXIII
Pág. 6

Anuncios

El vuelo

—¿Por qué vuelas bajo el arcoiris, ave sola, y recorres tu sombra sobre la tierra?

—Porque sale el sol, niño bueno. Y el sol saca brillo y sombra, y saca colores al arcoiris.

—¿Y por qué cuando el sol se esconde, ave cielo, vuelves volando a tu nido?

—Porque la luna sale, niño. Y la luna oscurece al mundo para que durmamos y volemos entre sueños.

—¿Y por qué, ave sabia, sale el sol, la luna sale?

—Porque existe la mujer, niño bueno. Y sin mujer no hay sueños, ni brillo, ni colores… y ni siquiera vuelo.

Rodrigo Vera
No 101, Enero-Marzo 1987
Tomo XVI – Año XXIII
Pág. 4

La estrategia


Cuando acababa de avanzar el metro, el anciano cayó al piso y entonces extraje de mi maletín el estetoscopio y lo coloqué sobre su pecho.

No percibí el menor latido; su pulso también se había detenido.

—Está muerto —dije y un bullicio fue creciendo entre los pasajeros.

Más enseguida el viejo se incorporó implorando:

—Damas y caballeros, es un acto bonito, novedoso, real; por ahí con lo que gusten cooperar.

Francisco Guzmán
No 101, Enero-Marzo 1987
Tomo XVI – Año XXIII
Pág. 3

Melitón Barba

Melitón Barba

El Doctor Melitón Barba Camacho (San Salvador, El Salvador, 26 de octubre de 1925 – id. 29 de junio de 2001) fue un escritor y médico salvadoreño.

Estudió en la Facultad de Medicina dela Universidad de El Salvador. Realizó estudios de postgrado en las áreas de ortopedia y traumatología en Italia y Argentina. También se interesó en el estudio científico de la acupuntura, la homeopatía y otras formas de medicina alternativa. En la década de 1960 ejerció como catedrático universitario de la Universidadde El Salvador (UES). Por su ideología de izquierda y su oposición a los gobiernos militares tuvo que exiliarse en varias ocasiones. Residió en México (1965 y 1976-1977) y Nicaragua (1980-1988).

Sus cuentos se enmarcan dentro de la corriente de la narrativa regionalista. Muchos de sus relatos abordan temas relacionados con la profesión médica y con sus convicciones políticas. En su juventud publicó sobre todo trabajos de investigación médica. Comenzó a publicar cuentos, cuando tenía casi 60 años con la edición de la colección de cuentos Todo tiro a Jon (Managua, 1984)[1].

Además de su vocación científica, desarrolló la literaria a partir de una edad tardía, y se convirtió, entonces, en uno de los cuatro grandes cuentistas que ha dado la narrativa salvadoreña, junto con José María Méndez, Álvaro Menéndez Leal y Salarrué, y se transformó en el recuperador de la tradición cuentística con su peculiar estilo humorístico y picaresco, esperpéntico, tierno y obstinadamente optimista frente a la naturaleza humana.

“Todo tiro a Jon” (1984), “Cuenta la leyenda que…” (1985), “Olor a muerto” (1986), “Puta vieja” (1988), “Carmas marcadas” (1990), “Hermosa cosa maravillosa” (1992), “La sombra del ahorcado” (1995), “Alquimia para hacer el amor” (1997) o la más reciente “En un pequeño motel” (2000) coronan una producción fecunda que lo consagra, ya para siempre, en un auténtico narrador y el verdadero renovador de la cuentística salvadoreña a partir de los años ochenta del Siglo XX[2].