Breve historia de una pasión


Era una mujer que sonaba dulcemente como un tambor de amor.

Palabras y caricias llegaban a su desnudez y rebotaban armoniosamente en inacabables compases. Nunca dejaba de sonar y el hombre aprendió a crear sones como soles de variadísimos sonidos: si revoloteaba en torno al vientre escuchaba rumores de montaña; si dejaba deslizar el tropel del deseo por los muslos recuperaba la voz de las cascadas; si rozaba los cabellos dorados se desprendía el llamado de una campana en impecables ecos; si escalaba la cumbre de los senos ascendía un ventarrón de melodías; si exploraba la mirada y bajaba hasta las entrañas brotaban explosiones luminosas de un invisible campo de batalla. Instante tras instante convertía sus manos en esplendorosas palomas que aleteaban la música de la muchacha.

Cuando la pasión fue implacable él admitió ser el pájaro de la eternidad y habitó para siempre jamás en el nido que había construido al borde de las bragas de su amada.

Juan Carlos Moyano Ortiz
No 101, Enero-Marzo 1987
Tomo XVI – Año XXIII
Pág. 18

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