El loco


Camino por las calles, desamparado, perdiendo el tiempo. Las horas de estos días han sido muertas. A veces, me detengo a mirar el cielo, pensando: ya va a llover… y corro a esconderme en alguna librería. No es mi intención comprar libros, tan sólo quiero mirarlos, pasearme entre ellos, tocar sus cubiertas como por descuido, y verlos sin alegría, con pereza, tiernamente aburrido.
¡Tantos volúmenes de enciclopedias, tantos ejemplares de novelas, tantos estudios que jamás llegaré a leer! ¡Toda esa letra impresa que, desde este momento, sé que es letra muerta para mí! Y así es lo mismo con las cosas y con la gente, pues desde que me abandonaste el mundo ya no es importante… Y odio cada objeto que me rodea y odio a las personas que, torpemente, se cruzan en mi camino. Los detesto, en suma, porque ninguno te tiene, y no me dan paz ni llegan a cubrir este hueco que has dejado en mí. Es como si estuviera muerto caminando entre los muertos.

Antonio Puertas
No 101, Enero-Marzo 1987
Tomo XVI – Año XXIII
Pág. 29

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