El otro mundo


—Estoy enamorada de mi reflejo —me dijo Alicia—, ¿puedo ir con él?

—¿Te dejará visitarlo? —le pregunté sonriendo.

—Sí.

—Bueno, pues entonces ve.

Sólo comprendí que mi hija no me hablaba del espejo cuando por la noche sacamos su cuerpo de la alberca.

Francisco Guzmán
No 101, Enero-Marzo 1987
Tomo XVI – Año XXIII
Pág. 52

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