Yo, el supremo


Abrió el diario y vio que encabezaba la columna de Necrológicas. Que a tal hora, en el cementerio tal, sus restos…

—¡Lástima que no pueda concurrir! —se lamentó—. Si pudiera, lo haría de buen grado. ¡Y cómo me lloraría!…

Ariel Méndez
No 101, Enero-Marzo 1987
Tomo XVI – Año XXIII
Pág. 113

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