El feliz suicidio

Estaba cansado de vivir encerrado en trajes metálicos y de ver tantas cosas nuevas e inventos extraños muy futuros de moda. Entonces se quitó los grandes tubos de hule que iban de la parte superior de la escafandra a los orificios de la nariz. El aire exterior le penetró brusca y directamente a los pulmones. De repente sintió un desvanecimiento; luego cayó, inconsciente, arrojando un humo negro por los demás tubos, por el visor y los poros del traje metálico. En término de diez segundos quedó hecho una chatarra plácida y sonriente.

Pablo Santillán Ledesma
No 71, Enero-Marzo 1976
Tomo XI – Año XI
Pág. 555

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