Femina psicodelis

El metro avanzaba envuelto en su olor de hule quemado y sudor humano. La mujer, en el incómodo asiento, leía su revista femenina de rigor, mientras disimuladamente miraba de reojo a los hombres del vagón y escogía uno. Con un gesto muy estudiado alzó la vista, miró al que estaba frente a ella y sonrió. El hombre recibió el doble destello de mirada y sonrisa, y sonrió también, deslumbrado. Lo único que veía ahora era la vagina que se abría enorme ante él. Supo entonces que estaba perdido, pero no pudo resistir la tremenda atracción y se dirigió a ella. Las puntas de los senos le guiaron con su señal roja y atracó en ese puerto con bandera franca, justo entre las piernas de la mujer, y se debatió ahí sin ninguna esperanza, con un placer masoquista, mientras su cuerpo se perdía, se iba por ese vórtice erótico. Casi al final sintió miedo, y en un intento desesperado se agarró con fuerzas de los senos y se sostuvo así un momento, pero fue inútil, y entre las convulsiones del orgasmo desapareció. Del hombre aquel sólo quedó la figura encorvada que descendió en la siguiente estación. La mujer cruzó las piernas, sonrió satisfecha y empezó a elegir su próxima víctima.

Gustavo Masso
No 78, Julio-Agosto 1977
Tomo XII – Año XIII
Pág. 484

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