Erudición

—¡Claro! ¿Quién rayos va a pedirle peras al olmo, cuando el olmo lo que produce son castañas?

Eugenio Zamora Martín
No 78, Julio-Agosto 1977
Tomo XII – Año XIII
Pág. 501

El soñador

Esa noche Luciano El soñador había tenido un sueño extraordinario: de un humilde y sencillo campesino se había convertido, de la noche a la mañana, en un poderoso terrateniente y dueño de lujosas mansiones con todos los servicios y adelantos de las comunidades ultramodernas.
Pero en la mañana se despertó desilusionado, con la cara desencajada y un rictus de pesadumbre. Advirtió, además, que durante el sueño no sólo había perdido sus riquezas, sino que también había sido golpeado salvaje y misteriosamente en los costados. Tenso de rabia, dolor y venganza, se dirigió hacia los umbrales de la noche en busca de los autores de la felonía. Cuando encontró a Morfeo e informó a gritos acerca de la infamia que había sido objeto, éste, con su acostumbrada displicencia, notificó a Luciano que un grupo de unicornios lo habían arrojado a coces del reino de los sueños por intentos de invasión a inmensas propiedades privadas.

Pablo Santillán Ledesma
No 78, Julio-Agosto 1977
Tomo XII – Año XIII
Pág. 499

La pareja

Hacía veinte años que la pareja, enamorada locamente, se miraba sin parpadeo alguno. Ellos no podían explicarse por qué el tiempo no los envejecía. Tampoco se explicaban el porqué nunca se habían dolido de los ojos. ¡Caramba! Es algo normal. Nos sucede a todos.
Aún no se daban cuenta que eran personajes de una foto.

Waldemar Noh Tzec
No 78, Julio-Agosto 1977
Tomo XII – Año XIII
Pág. 497